Resumen mercantilista

La Doctrina de la Balanza Comercial (DBC), descolló por causa de los escritos de los mercantilistas (siglos XVI y XVII), quienes impulsaron políticas para incrementar la riqueza (en oro y plata) y el poder de la nación mediante el estímulo de las exportaciones y el desaliento de las importaciones. Cinco siglos después, los gobernantes de América Latina siguen abrazados a la tesis mercantilista, a la DBC. No se han dado cuenta de que en el siglo XVI las relaciones comerciales entre países (sus habitantes) se limitaban a exportaciones e importaciones de bienes, los mercados de capital casi no existían y el intercambio de servicios era casi nulo. 

Ahora las relaciones comerciales son distintas. Además de los flujos de bienes, entre individuos de dos países, ocurren: la venta de servicios tales como fletes marítimos, seguros y el albergue de turistas; la venta de instrumentos financieros como bonos y acciones; préstamos, remesas en varias direcciones y ayuda gubernamental extranjera, entre otros. Esta es la razón por la cual tiene más sentido la balanza de pagos (BP) que la balanza comercial (BC). La BP es la diferencia entre el total de ingresos desde el exterior y el total de egresos desde el interior del país. 
No obstante, los nuevos mercantilistas basan su política en la DBC; aunque con una balanza comercial “favorable” (Exp>Imp), no buscan amasar oro y plata, sino generar empleo y bienestar. Pero esto es imposible, pues, la DBC contiene una contradicción matemática: es prácticamente imposible aumentar las exportaciones y reducir las importaciones al mismo tiempo, porque, ignorando los flujos financieros, las exportaciones siempre serán iguales a las importaciones (Exp=Imp), en términos monetarios. Esta igualdad implica que el mejor estímulo para las exportaciones son las importaciones.
Pero, los neomercantilistas las disuaden. A raíz de este error, las exportaciones no crecen por sí solas; entonces, cometen otro garrafal error: las subsidian para que crezcan. Ahora, el subsidio de las exportaciones de País A equivale a que el gobierno de ese país regale dinero a individuos de otros países para que compren (importen) bienes de País A. Así, las exportaciones crecen: (Exp = Imp + Sub). Imaginemos a Juan entregando su dinero a Miguel para que éste compre sus bienes. Sería un absurdo. Pero es lo que hacen quienes ahora gobiernan. 
Al igual que las remesas desde el exterior y la venta de instrumentos financieros, la inversión extranjera (IE) es equivalente a exportaciones (con ella se pueden importar bienes). Cuando ocurre la IE, si mantenemos todo lo demás constante, el resultado es: (Exp + IE = Imp). La IE crea un desequilibrio comercial (Imp>Exp). Pero este desequilibrio es lógico, necesario e inevitable en cualquier región que atrae inversión extranjera; sin embargo, los periodistas, economistas y gobernantes se alarman cuando ven el supuesto déficit, y, para corregir el “problema”, toman medidas desastrosas. Todo por una pésima doctrina.
 
 
DMS