Reglas de convivencia

En la columna anterior señalamos que, para el individuo, existen inmensos beneficios de vivir en sociedad, y que es normal que cada uno sacrifique cierto grado de libertad individual para poder disfrutarlos. Estos beneficios son de dos tipos: afectivos y materiales o económicos. Los primeros incluyen los beneficios de la amistad, el amor, el sexo, la comedia, los juegos, y un largo etcétera. Los materiales incluyen la riqueza que solo se puede generar en cooperación con otros, en sociedad. 

Vivir en sociedad también tiene sus perjuicios. Siempre habrá quienes prefieran violar los espacios sagrados de otros, usar la violencia en lugar de las relaciones voluntarias. Para minimizar este aspecto negativo (maximizar las ventajas de vivir en sociedad), se deben fijar las reglas del juego, las que regirán las relaciones entre los individuos. Paralelamente, se deben establecer los mecanismos para hacerlas cumplir y para castigar a los infractores. Nótese que estas reglas tienen que ser consistentes con el concepto de que dentro de cada cápsula el individuo es sagrado; es absolutamente libre para hacer lo que le plazca; no puede haber restricciones, porque éstas implicarían la salida de otro individuo de su propio espacio para invadir el espacio del que sufre la restricción. 

Reglas actuales. Con base en todo lo expuesto hasta aquí, tenemos los elementos necesarios para evaluar las reglas de convivencia que han existido y que hoy rigen nuestras relaciones. Para empezar, definamos lo que constituye un crimen. En nuestro planteamiento, un crimen ocurre únicamente cuando alguien viola el espacio sagrado de otro. Esto significa que es imposible que alguien cometa un crimen contra sí mismo. Dentro de su círculo, cada individuo es totalmente libre para decidir qué consumir, qué hacer con su cuerpo, qué leer, qué tipo de películas ver, qué tipo de arte admirar, qué tipo de música escuchar, etcétera. El ejercicio de ninguna de estas libertades pude constituir un crimen. Pero las reglas del juego que predominan en nuestros países hacen exactamente eso: tipifican crímenes de esa naturaleza. En los países latinoamericanos, un individuo puede ser castigado (por otro igual a él) por posesión o consumo de ciertas drogas; por tener cierto tipo de material literario; por ver ciertas películas; incluso por tener ciertas creencias.

Las consecuencias de este tipo de reglas son nefastas para el bienestar del ser humano. Al arrogarse, ciertos individuos, la potestad de invadir el círculo de otro para protegerlo de sí mismo, se cometen todo tipo de atrocidades: violación de moradas y de mujeres y niños, confiscación de propiedad, torturas, destrucción de bienes, desmoralización del individuo, aplicación del terror. El daño que un individuo podría causarse a sí mismo al ejercer esas libertades no se acerca ni remotamente a estas atrocidades.

 
 
DMS