Plan frijolero

En otras columnas, hemos señalado que, en autosuficiencia, el individuo decide qué desea consumir y luego lo produce, y que cuando decide dejar de ser autosuficiente para participar en el sistema de especialización e intercambio, ese hecho no varía: su producto debe resolver la necesidad de consumo de alguien y, para que genere riqueza, debe constituirse en la mejor solución para esa necesidad de consumo. Pues bien, en los países tercermundistas, el proceso de decisión suele ser al revés: el individuo decide primero qué desea producir, lo produce, y luego busca quien se lo compre. Si su producto no resuelve la necesidad de alguien, recurre al gobierno para que este haga una de dos cosas: (1) se lo compre, u (2) obligue a los demás a comprarlo. ¿Cómo? Evitando su acceso a mejores soluciones para su necesidad de consumo. De hecho, la nota periodística aludida en la columna anterior señala que “el ministro argumentó que el Gobierno no está en capacidad de comprar todo lo que los industriales desprecian, ante el precio barato del fríjol extranjero”. 

En el siglo XXI, ¿qué debería hacer el ministerio? 
1. Libre comercio. Respetar el derecho de propiedad de todos los productores, lo cual permitirá a los actores llevar a cabo su gestión empresarial de la mejor manera, y crear mucha riqueza para todos.
2. Ventajas. Dentro de ese marco de libertad comercial, evaluar si producir fríjol es el mejor uso que se le puede dar a los recursos utilizados; es decir, si los productores tienen ventajas, y si no las tienen, ¿por qué? Una vez que se sepa el porqué, ver si es solucionable por medio de la investigación, la tecnología u otros medios, y si vale la pena hacerlo. Si no vale la pena, “ayudar” al productor a encontrar un mejor uso (privado y social) para sus recursos.
3. Comercialización. Es posible que valga la pena producir fríjol con esos recursos, si no fuera por un problema de comercialización. Según la nota periodística de marras, “el dirigente agrícola de Pérez Zeledón Marco Vinicio Murillo reportó que en las bodegas de la región hay listos más de 6.000 quintales de fríjol, con pocas opciones de que los empacadores los compren”. Murillo agregó que “le preocupa, además, la expectativa de una fuerte cosecha en el norte del país”. 
Estas manifestaciones denotan una pésima estrategia de comercialización. Si en realidad tienen ventajas y sus frijoles son la mejor solución para las necesidades de consumo de una parte de la población, no deberían tener ninguna dificultad para venderlos, incluso antes de la siembra. Es decir, deberían celebrar contratos de entrega a futuro. Claro, este tipo de arreglos demandan un comportamiento distinto de parte del productor, pues debe comprometerse a entregar un producto de una calidad determinada, a un precio previamente acordado. A muchos productores no les gusta este tipo de seriedad, pues saben bien que si les va mal de la otra manera, siempre pueden recurrir al político.

 
 
DMS