Mercantilismo

En la columna pasada hablamos del paroxismo de la estupidez comercial. Continuemos con el tema. ¿Por qué los gobernantes llegarían hasta el extremo de ir casa por casa recogiendo el azúcar para exportarlo? ¿A qué se debe esa obsesión por exportarlo todo?

Se debe a doctrinas que se hicieron prominentes en los siglos XVII y XVIII, en especial, la de la balanza comercial (DBC). Según esta, el país se beneficia con un exceso de exportaciones sobre importaciones (o ingresos desde el exterior, sobre egresos). La DBC cobró prominencia mediante los escritos de los mercantilistas, quienes enfatizaban la importancia del intercambio y el comercio como fuente de la riqueza de una nación. Ellos impulsaron políticas para incrementar la riqueza (amasar cantidades de oro y plata) y el poder de la nación mediante el estímulo de las exportaciones y el desaliento de las importaciones.

El contexto en el cual estos escribieron era el siguiente: las relaciones comerciales entre países se limitaban a exportaciones e importaciones de bienes; los mercados de capital casi no existían y el intercambio de servicios era casi nulo. La moneda de todos los países eran el oro y la plata, y la única forma de incrementar la oferta monetaria en los países carentes de minas, como los europeos de la época, era aumentando el exceso de exportaciones sobre importaciones. Al principio, el propósito de la acumulación de oro y plata era poner a disposición del rey los medios necesarios para financiar las frecuentes guerras extranjeras. Cuando fuere necesario, el rey podía disponer de esa riqueza a través de impuestos. 

Con el tiempo, se fue introduciendo una perspectiva económica más amplia: se postulaba que el incremento de la oferta monetaria (mediante Exp-Imp>0), impulsa mayores gastos y una reducción de las tasas de interés, lo cual implica mayor producción y empleo. Por esta razón, cuando hay exceso de exportaciones sobre importaciones, se dice que la balanza comercial es favorable o positiva. Igualmente, cuando las importaciones exceden las exportaciones, se dice que la balanza comercial es negativa o desfavorable. 

A través del tiempo, estas primeras ideas perdieron relevancia por dos razones. Primera, el financiamiento de las guerras varió. En lugar de los excedentes comerciales –los cuales, de todos modos, solo alcanzaban para financiar pocos días de una guerra extranjera durante la época de los mercantilistas–, las guerras, ya mucho menos frecuentes, eran financiadas directamente a través de empréstitos extranjeros e impuestos sobre la renta. Segunda, surgió la época de la moneda por decreto (fiat money), en la cual la oferta monetaria se podía incrementar fácilmente con solo poner la máquina a imprimir dinero o hacer unas cuantas entradas en los libros de los bancos centrales. Incrementar la oferta monetaria ya no era un problema; el problema era lo contrario: mantenerla bajo control.
A pesar de su obsolescencia, la política comercial de muchos países pobres hoy está altamente influenciada o moldeada por la DBC. Continuaremos.
 
 
DMS