La reforma chilena I

Retomamos el tema de las pensiones. José Piñera señala que, desde 1981, existe en Chile un sistema de previsión de capitalización individual que reemplazó al esquema de  reparto ideado por la Alemania de Bismarck y luego copiado en varios países del mundo. En este último, la inexistencia de una relación entre aportes y beneficios, y la facultad del poder político para definir quién se beneficia y en cuánto, han configurado una fuente de poder discrecional que abrió completamente las puertas a la demagogia y la injusticia. ¿Qué gobierno o fuerza política, con la mirada clavada en futuras elecciones, puede resistir las demandas discriminatorias de los grupos con gran poder de presión? 

Por ello, ese sistema ha presentado serios problemas de funcionamiento en todo el mundo: falta de incentivo al ahorro, atractivo para usar esos recursos en otros fines diferentes al de dar buenas pensiones, e incapacidad para enfrentar el aumento de la expectativa de vida de la población. En el caso de Chile, se manifestaron en consecuencias tales como déficit fiscal, graves injusticias sociales, desempleo, desincentivo al ahorro, etc. Tal realidad llevó al país a ser pionero en el mundo en realizar una profunda reforma que corrigiera los problemas señalados.

En un discurso del 6 de noviembre de 1980, el ministro de trabajo y previsión social, José Piñera, detalló las características del nuevo sistema de pensiones: la jubilación será el resultado de la acumulación de los ahorros que con tal objeto hará cada trabajador a lo largo de una vida de trabajo. Todo trabajador dependiente deberá aportar mensualmente un 10 por ciento de su remuneración para incrementar su fondo individual. La suma de dichos aportes, capitalizada con sus correspondientes intereses, será registrada periódicamente en una libreta personal. El trabajador conocerá con precisión y en forma permanente el total ahorrado. Serán dichos ahorros los que generen los beneficios de la vida pasiva. La cifra de 10 por ciento permitirá a un trabajador, de acuerdo con supuestos razonables, obtener una pensión cercana a sus últimas remuneraciones. En el pasado, en cambio, el trabajador, en promedio, obtenía pensiones apenas mayores a la mitad de sus últimas remuneraciones. Quienes prefieran una pensión mayor a la que generaría este ahorro obligatorio, o quieran adelantar la vigencia de ésta, podrán hacerlo.

El ahorro previsional se capitalizará en instituciones privadas que deberán crearse especial y únicamente para dichos efectos. La inversión de los ahorros previsionales sólo será posible en una gama limitada de valores de precio conocido, regulada por la ley. Se deberán mantener estrictas pautas de diversificación por tipo de instrumentos y por emisor. Se procederá a la creación de una Superintendencia de Administradoras de Fondos de Pensiones. Adicionalmente, el esquema propuesto contempla la existencia de un seguro obligatorio para pensiones de invalidez, viudez y orfandad. Continuará.

 
 
DMS