GASOLINA: UNA INMORAL DANZA DE IMPUESTOS 

Por Gregory Woods*


Entre el 24 de noviembre de 1999 y el 9 de febrero del 2000, el precio de un barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI) se incrementó en un 5,1 porciento (pasó de US$27,37 a US$28,77). Durante el mismo período, la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (ARESEP) autorizó un alza en el precio de la gasolina súper de 10,5 porciento (de ¢160/lt a ¢176,9/lt; Alcance No. 8 de La Gaceta No. 24). Si el precio nacional de la gasolina está indexado al del petróleo WTI, ¿por qué cuando éste sube 5,1 porciento, el precio de la gasolina aumenta en 10,5 porciento? Es evidente que los constantes incrementos de los precios de los combustibles son determinados más por la ocurrencia y la voracidad fiscal que por las subidas del precio internacional del petróleo. Basta con mirar la increíble estructura de impuestos que cargan los combustibles.



Cuadro 1. Precio de gasolina súper (9/2/2000)

Colones/Litro

Costo plantel 81,63

Selectivo consumo (50%) 40,84

Margen de gasolineras 13,59

Impuestos de ventas (13%) 17,70

CONAVI (15%) 23,07

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Precio al consumidor 176,90

Impuestos sobre impuestos. Para obtener el precio al consumidor, RECOPE le agrega al costo plantel (o precio de plantel) un impuesto selectivo de consumo de 50 porciento (¡qué atrocidad!), un margen fijo para las gasolineras de ¢13,59/lt, un impuesto de ventas de 13 porciento y un impuesto para la Comisión Nacional de Vialidad (CONAVI) del 15 porciento (Cuadro 1). Nótese que el impuesto de ventas se aplica sobre los primeros tres rubros del cuadro (costo plantel, selectivo de consumo y margen de gasolineras) y que el impuesto de CONAVI se aplica a los primeros cuatro rubros. Es decir, nuestros gobernantes nos cobran un impuesto de ventas sobre el impuesto de consumo y luego un impuesto para CONAVI sobre el impuesto de consumo más el impuesto de ventas. Por ejemplo, el monto del impuesto de ventas de ¢17,70/lt está compuesto por ¢10,62/lt sobre el costo de plantel, ¢5,31/lt sobre el selectivo de consumo y ¢1,77/lt sobre el margen de las gasolineras. El monto de CONAVI de ¢23,07/lt incluye ¢6,13/lt sobre el selectivo de consumo y ¢2,65/lt sobre el impuesto de ventas. Esto es a todas luces inmoral y ha de ser ilegal.



Cuadro 2. Precio de plantel, súper, (20/10/99)

Colones/Litro

Costo importación (CIF) 48,77

Impuestos de importación (2%) 0,97

Costos operativos 4,27

Inversiones 4,50

Servicio de la deuda 2,91

Costos ajenos 0,32

Convención colectiva 0,59

ARESEP 0,03

Subsidios cruzados 11,88

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Precio de plantel 74,25

Más impuestos. En ausencia de procesamiento de crudo –RECOPE no ha refinado petróleo desde 1998–, el precio de plantel debería ser igual al costo de importación CIF (costo, seguro y flete); pero no lo es porque sobre el precio CIF pesa un (otro) enorme fardo de impuestos y cobros. Veamos. Al costo de importación CIF, Puerto Moín de US$48,77/lt, del 20 de octubre de 1999 (la fecha con datos disponibles) RECOPE le añadió los siguientes cobros: impuestos de importación de 2 porciento (¢0,975/lt), costos operativos (¢4,273/lt), inversiones (¢4,499/lt), servicio de la deuda (¢2,915/lt), cargas tributarias y costos ajenos (¢0,317/lt), la Convención Colectiva (¢0,590/lt), el beneficio para ARESEP de ¢0,031/lt y, como si todo lo anterior no fuera suficiente, ¢11,88/lt para pagar los “subsidios cruzados”.

Con la suma de esos costos, el precio de plantel llegó a ¢74,25. Y al añadir los cobros del primer cuadro, RECOPE y ARESEP obtuvieron un precio al consumidor de ¢162,10 por litro. Ahora, si tomamos el margen de las gasolineras como un buen indicador del costo de ese servicio, el precio al consumidor debió ser de ¢62,36/lt (48,77+13,59). En efecto, los costarricenses pagamos un total de impuestos sobre la gasolina equivalente al 260 porciento del costo de importación. RECOPE, una verdadera máquina para refinar impuestos.

Conclusión. En este desafortunado manejo de los costos de los combustibles hay dos aspectos que merecen ser destacados: (1) la inmoralidad del cobro de impuestos que ya no son sobre la producción o el consumo –que de por sí es inmoral–, sino sobre otros impuestos. Esto es doblemente inmoral. (2) Sabemos que cualquier incremento en el precio de los derivados del petróleo (gasolina, diesel) causa una elevación generalizada de los costos de producción, lo que a su vez alimenta a la inflación, genera desempleo y reduce el ingreso real de las personas. Debido a la alta carga impositiva, el gobierno es tres veces más responsable que la OPEP por la pérdida de bienestar que causan los aumentos en los precios de los combustibles.

*Investigador Asociado del INLAP

 
 
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