EL FRAUDE DE LAS PENSIONES

En Costa Rica existen dos sistemas de pensiones: uno que abarca varios regímenes especiales financiados a través del presupuesto nacional, y el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Ambos están totalmente quebrados, porque en vez de sistemas de pensiones, son mecanismos de transferencia de fondos desde la mayoría de la población hacia varios grupos “especiales”. El actual proyecto del gobierno no corrige este defecto.

El Régimen de Capitalización. El principio financiero que sustenta las pensiones es muy sencillo. El individuo sabe que necesitará con qué subsistir cuando se termina su vida laboral y, desde temprano, abre una cuenta individual de ahorro para cubrir esas necesidades. Después de muchos años, se retira y vive del dinero ahorrado. Ahora, las entidades financieras se percataron de que juntando todos los ahorros individuales para el retiro e invirtiéndolos en actividades productivas se logran altos rendimientos para los ahorradores. De esta manera nacieron los sistemas de pensiones privados, que multiplican los ahorros individuales. Por eso se les llama regímenes de capitalización.

Bondades. Estos regímenes tienen muchas bondades. (1) El individuo percibe que sus contribuciones son una inversión personal y no un impuesto, y el tener una libreta donde se registran las cantidades acumuladas le proporcionan una gran seguridad. (2) Este sistema estimula el desarrollo del mercado de capitales. Además, los individuos ahorran más, por lo que hay más dinero para el crédito productivo, y más inversión, producción, empleo y desarrollo. (3) El individuo es quien decide cuánto ahorrar, con cuánto retirarse y a qué edad hacerlo.

Régimen de Reparto y Fraude. El sistema de pensiones de reparto (el estatal) funciona así. La primera generación contribuye, por la fuerza, al sistema, y el gobierno gasta ese dinero. Luego, con parte del dinero de la siguiente generación paga la jubilación de la primera. La otra parte la dedica a gastos superfluos. Y así sucesivamente. Por eso se le llama sistema de reparto intra-generacional. Pero el reparto va más allá.

¿Cómo se da el fraude? Todo el dinero recaudado va a una sola cuenta donde pierde todo ligamen o relación con su dueño original, el trabajador. A partir de este momento, el político dispone de los fondos a su antojo. Así es como se dan los siguientes cuatro mecanismos de fraude.

1. En vez de invertir el dinero ahorrado en obras o servicios que hacen aumentar la producción, los gobernantes lo despilfarran. Por ejemplo, a través de los CATs, regalan a unos cuantos empresarios amigos —incluyendo transnacionales— el dinero ahorrado para la jubilación. Esto es una malversación del ahorro individual. De esos ahorros, el Estado le debe actualmente unos ¢160 000 millones a la CCSS.

2. Los gobernantes crean regímenes especiales –por ejemplo, para diputados– donde ellos se recetan pensiones que no guardan ninguna relación con su propio aporte. En algunos de estos regímenes, el beneficiario es eximido de la cotización durante su vida laboral. Un increíble mecanismo de estafa.

3. La mayoría de los ahorradores reciben mucho menos de lo que verdaderamente les corresponde, según lo ahorrado y capitalizado. Unos pocos se llevan la gran tajada, que obviamente no les corresponde.

4. Como ciertos grupos absorben gran parte de los fondos y se despilfarra otra parte importante, lo que va quedando no alcanza para pagar ni siquiera lo poco que le devuelven al pensionado. Ante esta realidad, los gobernantes optan por elevar la cotización de los que sí cotizan, así como la edad de retiro. Una doble estafa; una inmoralidad. 5. Por último, para recibir su bien devaluada pensión, el individuo debe suplicarles a las “autoridades”, hacer largas filas y esperar por años la resolución. Una afrenta.

Desventajas. Como se nota, este esquema tiene serias desventajas. (1) El individuo no tiene poder de decisión ni siente que su cotización es un ahorro. (2) No se estimula el ahorro, por lo que hay menos crédito, menos inversión, menos desarrollo del mercado de capitales, menos producción y menos empleo. (3) La única forma de pagar las pensiones es con aporte de las nuevas generaciones, pero cada vez hay más de los antiguos y menos de los nuevos, por lo que el sistema está destinado a colapsar.

Conclusión. Los dos sistemas de pensiones están a punto de desplomarse, porque son un adefesio moral y financiero. Los gobernantes no han mostrado voluntad política para detener el descomunal fraude institucionalizado. Es urgente el desmantelamiento de esos sistemas y el traspaso a un régimen de capitalización individual. Además de sus múltiples ventajas para el individuo y la sociedad, es lo moralmente correcto. Los países como Chile, Argentina y México están demostrando con sus novedosos y exitosos regímenes de capitalización que la solución existe. Sí se puede … y se debe. Es un asunto de moralidad y justicia.
 
 
DMS