Crueldad comercial

Según la prensa local, Guatemala demandará a EE.UU. ante la OMC porque ese país está exigiendo que se le compren piezas de pollo a un menor precio del que se establece en la OMC, lo que se considera dumping (plantean que el precio de la libra de pechuga supera el dólar en EE. UU., pero ellos envían a Guatemala la libra de muslo a $0,50). “No vemos correcto que los americanos nos obliguen a comprar sus piezas negras de pollo (muslos, alas y cuadriles) y no permitan que nuestras deliciosas pechugas lleguen a EE. UU.”, señaló Berger (ACAN-EFE, 7/8/06).

¿Qué hay de malo con este cuadro? Es una ficción. Plantea el comercio como intercambios entre dos países, y no entre individuos. Al hacerlo, borra a los seres humanos junto con sus derechos individuales básicos. Me explico. Supongamos que en Guatemala vivan 10 millones de personas y que, de estos, 9, 97 millones son consumidores netos de pollo (la mayoría muy pobres) y 30 mil, productores netos. Lo que Berger plantea es lo siguiente: “como los gringos obstaculizan el enriquecimiento de los 30 mil guatemaltecos que pudiesen exportar pechugas a los EE.UU., yo voy a impedir el enriquecimiento de los otros 9, 97 millones de guatemaltecos que pudiesen consumir partes negras de pollo muy baratas, importadas de los EE.UU.”. ¿Se puede ser más cruel e inhumano? Esta tesitura equivale a lo siguiente: un estadounidense le corta la mano a un guatemalteco llamado Oscar, y, para compensar, el gobernante le corta las dos manos a Quiche, otro guatemalteco. 

Además de su inmensa falta de humanismo, ¿qué más distingue a Berger en este caso? Su incapacidad de entender que el objetivo de todo el esfuerzo de sus conciudadanos no es producir pollo, sino consumirlo; y que la esencia de la creación de riqueza a través del sistema económico consiste en que cada actor encuentre la mejor solución –la más barata– para sus necesidades de consumo, en cualquier parte del mundo. No entiende que si los 9,97 millones de guatemaltecos resuelven mejor sus necesidades de consumo de pollo, serán menos pobres y tendrán más recursos para resolver otras necesidades de consumo. Al hacerlo, se da un incremento de la demanda de muchos otros productos, y más empleo, producción y ganancias para todos los guatemaltecos; es decir, aun más riqueza. 

¿Y aquí, qué? Según el columnista Juan Carlos Hidalgo, cuando se le preguntó al ministro de Comercio Exterior Marco Vinicio Ruiz, si, con el Cafta, Costa Rica tendría un “problema” similar al guatemalteco, este respondió, con orgullo: “Ellos permitieron el ingreso de 21.000 TM de pollo estadounidense al año, mientras que nosotros negociamos el ingreso de solo 600 TM”. ¡Qué vivos! Pareciera que en la competencia entre los gobernantes latinoamericanos para ver quién mata a más de su gente por medio de políticas inhumanas, Costa Rica aventaja a Guatemala. 

 
 
DMS