Competencia

En las anteriores tres columnas hemos hablado de diferentes aspectos relacionados con los beneficios de vivir en sociedad, los cuales son de dos tipos: los afectivos, que incluyen beneficios como la amistad, el amor, el sexo, la comedia, los juegos, etcétera; y los materiales o económicos, que incluyen la riqueza, en términos de bienes y servicios, que solo se puede generar en cooperación con otros, en sociedad. También hemos señalado que, conceptualmente, cada individuo vive dentro de un espacio sagrado, demarcado por un círculo, donde él es absolutamente libre; que cualquier invasión de ese espacio por otra persona sin su consentimiento es un acto de agresión; por eso las relaciones entre los individuos han de ser estrictamente voluntarias. 

Una implicación de este requisito es la competencia. Esta es inherente a la vida en sociedad. En el aspecto afectivo, por ejemplo, cuando dos o más hombres desean el amor de una mujer (o a la inversa), la única forma aceptable de mostrar su interés y últimamente dilucidar quién se queda con ese amor es a través de la competencia, pues no es aceptable el uso de la fuerza. Es inaceptable que uno de ellos la rapte o la viole; pero sí se vale el envío de flores, poemas, o una serenata. Es posible que gane el que lo haga mejor. Lo mismo ocurre cuando se trata del aspecto económico. Cuando dos o más individuos deseen resolver la necesidad de consumo de un tercero, la única forma de dirimir quién será el proveedor es a través de la competencia entre ellos y la libre escogencia del consumidor. Hemos señalado que una de las grandes ventajas de vivir en sociedad son los juegos, el deporte, cuya esencia es la competencia.

Como vemos, la competencia es consustancial a la vida en sociedad, especialmente en sociedades libres. Sin competencia, no hay cooperación, y la vida en sociedad no sería posible o sería algo así como lo que señalaba Hobbes: brutal, salvaje, infeliz, muy pobre y muy corta. La competencia enaltece al ser humano de muchas formas: eleva su espíritu y su intelecto; aúpa su bienestar emocional, espiritual y material. El hecho de que dos o más individuos tengan que competir por el amor de una mujer en vez de raptarla o violarla salvajemente, como en la época de las cavernas, significa que ellos se cultivarán en el arte de la música, el baile, la poesía, en fin, el arte de la seducción –enriqueciéndose ellos– y que ella disfrutará de todo eso. Por otra parte, la mujer también se cultivará en muchas áreas, incluyendo la de la belleza, para poder ser el blanco de las conquistas o para conquistar ella misma.

Lo mismo ocurre en el plano económico. El hecho de que dos o más individuos tengan que competir para resolver una necesidad de consumo de otros actores, significa que los competidores no cesarán en su búsqueda de mejores soluciones para esas necesidades. Esta búsqueda los enriquecerá a ellos mismos, y producirá mucha riqueza para todos los otros participantes del sistema económico. Sigue lo deportivo.

 
 
DMS