Sobre el INLAP Publicaciones Actividades Afiliación Enlaces Contacto English Inicio


Publicaciones | Artículos | Gobierno y regulaciones

La compra de empleos

Nuestro gobierno se mostró sumamente complacido porque la OMC aprobó, en Qatar, una extensión por 7 años de los beneficios que ciertos países otorgan a las empresas de las zonas francas, privilegios que caducaban en diciembre del 2002. Según los jerarcas, esta prolongación beneficia al país, particularmente porque dichas empresas seguirán generando empleo. Esta complacencia gubernamental, no obstante, forma parte de una concepción económica errónea, absurda e inmoral.

Regímenes empresariales. Para efectos de este artículo, en Costa Rica existen cuatro grupos de empresas: las que están situadas en zonas francas, las que firmaron contratos de exportación, las que cuentan con protección, y las Unidades Productoras (UPB); estas últimas constituidas por cada hogar costarricense. Las empresas instaladas en zonas francas gozan del libre manejo de divisas y exoneración de aranceles para la importación de materias primas y bienes de capital, no pagan el impuesto sobre la renta y tienen un sistema aduanero ágil en el sitio donde se instalan. Además de eximir a las empresas del pago de impuestos de todo tipo, incluyendo los aranceles aduanales, los Contratos de Exportación contemplan el Certificado de Abono Tributario (CAT), un subsidio directo a los exportadores de productos no tradicionales. Por otra parte, muchas empresas establecidas fuera de las zonas francas reciben subsidios a través de la protección arancelaria y para-arancelaria. Los productores de azúcar, leche y pollo, por ejemplo, están protegidos por aranceles de 50, 96 y 200 porciento, respectivamente. También reciben esta protección los productores de frijol, arroz, cebolla, papa, y un largo etcétera.

El noble oficio de producir no se circunscribe a los empresarios industriales, agrícolas o proveedores de servicios. Cada hogar costarricense se afana por producir bienestar, constituye una unidad de producción de bienestar (UPB). El pulpero, la costurera, el trabajador informal, el tramero, el futbolistas, el periodista, el campesino ... todos encabezan o forman parte de una UPB; son productores. Estas UPB combinan bienes adquiridos en el mercado —arroz, frijoles, carnes, huevos, cocina, sartén, refrigeradora— con su propio tiempo, más otros insumos, para producir bienes básicos como salud, vivienda, educación y esparcimiento; componentes esenciales del bienestar de cada miembro de la familia, de la UPB. Toda intervención gubernamental que encarezca los insumos utilizados por las UPB o que reduzca sus ingresos monetarios, disminuirá su producción de bienestar, así como la prosperidad de sus miembros y, por ende, de la sociedad. El proteccionismo, los CAT y los monopolios estatales forman parte de esas nefastas intervenciones. Se estima que, en Costa Rica, sólo el proteccionismo despoja a esas unidades del 40 porciento de sus ingresos.

El gobierno justifica esos regímenes con base en los siguientes argumentos: las zonas francas atraen inversión extranjera y, de esta manera, crean empleo; los CE junto con sus CATS sirven para compensar distorsiones internas y, así, generar empleo; el proteccionismo sirve para compensar distorsiones externas y, de esta forma, producir empleo. ¿Y cómo justifica la ruina de las UPB, las empresas más importantes de cualquier sociedad y a las que los gobernantes juran proteger y servir? Sabrá Dios ... sabrá Dios.

Lo absurdo. El gobierno subsidia y protege a ciertas empresas con el fin de crear empleo; sin embargo, prohíbe la operación en el país de las empresas que desean, sin subsidios, generar riquezas y crear empleo a través de servicios como la telefonía, los seguros, la importación y distribución de hidrocarburos, o la fabricación de licores. Otras empresas con intenciones similares son ahuyentadas por políticas gubernamentales como la tramitología, los permisos, las excesivas regulaciones; además de la falta de infraestructura, de reglas claras y de una clara protección a la propiedad. Al fin de cuentas, el gobierno disuade el empleo productivo y paga por crear otros empleos, usualmente improductivos. Una Irracionalidad.

Por otra parte, al fomentar el empleo de esta manera, Maruja Yerbabuena, cabeza de familia y de una UPB, consigue trabajo, aunque mal remunerado. Con su salario debe comprar alimentos y otros insumos encarecidos por el proteccionismo (su producción de bienestar disminuye), o utilizar parte de sus ingresos para pagar el subsidio (CAT) de la empresa que lo emplea. Esto equivale a comprar el empleo. Un absurdo.

¿La alternativa es no tener empleo? Claro que no. Hay algo mejor. Con eliminar las distorsiones internas (abrir los mercados monopolizados por los políticos, eliminar las regulaciones innecesarias y la tramitología, reducir y eliminar impuestos, quitar los aranceles) y aprovechar los subsidios externos, se generan más empleos productivos, se elevan los salarios y se reducen los costos de los insumos de las UPB. En consecuencia, la mayoría seríamos menos pobres. Esto es lo sensato. ¿Por qué no lo hacen?

Lo inmoral. Quitar recursos a las UPB (empobrecerlos) con el fin de enriquecer a unas cuantas de las otras empresas, la mayoría de las cuales son de políticos o transnacionales, es a todas luces inmoral e inhumano. Es doblemente inmoral demandar a gritos que los países desarrollados dejen de subsidiar a sus productores, mientras se cometen las barbaridades aquí enunciadas. Peor aún. Lamentarse, hipócritamente, de la pobreza de las UPB, y tratar de paliar su situación con dinero de ellos mismos, trasciende el ámbito de la simple inmoralidad.

Lo correcto. En la economía no se puede favorecer a un grupo sin perjudicar a otro. Por esta razón, la política económica moralmente correcta es la neutralidad. Al favorecer a los industriales y empresarios agrícolas —sus colegas, compañeros y amigos—, nuestros gobernantes se convierten en enemigos, a muerte, de las UPB, del ciudadano común, del pobre.

Rigoberto Stewart

 

 

Copyright © 2001, Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas. Derechos reservados. INLAP. E-mail: inlap@inlap.org | Apartado postal 329-4050, Alajuela Costa Rica. | Tel. (506) 438-2464 | Fax. (506) 438-2444