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Prohibido crear riqueza
No hay ninguna duda de que somos pobres porque nuestros
“sabios” gobernantes hacen hasta lo imposible para impedir que creemos
riqueza. Las evidencias de este hecho son claras e irrefutables: en los
países donde existe mayor libertad económica, la gente es más
próspera en todos los sentidos; en cambio, en los países donde los
gobernantes niegan a los ciudadanos su derecho humano a la libertad
económica, la gente es pobre y miserable. Esta verdad acaba de ser
revalidada por el Informe Anual 2001 de la Fraser Institute sobre
el estado de la libertad económica en el mundo. Y es que esta costumbre
de los gobernantes de negarles a los ciudadanos su derecho a dicha
libertad es desatinada e inmoral. Revalidémoslo a través de su forma de
cobrar impuestos.
¿Cuándo cobrarlos? En los países
desarrollados los gobernantes cobran los impuestos después de que los
individuos y las empresas hayan creado la riqueza. Esta práctica se
traduce en un alto grado de libertad económica para los ciudadanos: mucha
libertad para el comercio internacional, pocas trabas para establecer una
empresa, un mínimo de regulaciones innecesarias, pocas actividades
monopolizadas por el estado, una moneda estable, buena infraestructura
como carreteras, puertos, aeropuertos; etcétera.
En los países subdesarrollados, como Costa Rica, los
gobernantes cobran los impuestos antes de que los actores
económicos hayan generado la riqueza. Esta práctica, combinada con otras
formas de gravar o dificultar la creación de riqueza, se traduce en poca
libertad económica para los ciudadanos: poca libertad para el comercio
internacional (altos aranceles y otras barreras), mercados de servicios
monopolizados por el estado, requerimiento de licencias para casi toda
actividad económica, excesivas regulaciones y trámites para establecer
una empresa, alta inflación o moneda inestable, y un largo etcétera. Al
final de cuentas, los habitantes terminan generando sólo una mínima
fracción de la riqueza que habrían podido producir.
Para corroborarlo, hagamos una comparación. En 1950,
los singapurenses y los ticos tenían el mismo ingreso por persona: unos
$600 (constantes de 1992). En el 2000, los singapurenses lograron un
ingreso (nominal) de $29 610, mientras que los ticos sólo unos $2 740 per
cápita (World Development Report 2000/2001; Banco Mundial). ¿Por qué,
en tan poco tiempo, esos asiáticos alcanzaron un ingreso 10,8 veces
superior al de los ticos? La clave está en que a partir de 1965, Singapur
implementó una estrategia de desarrollo basada en la libertad
económica de los individuos; es decir, en permitirles crear riqueza.
En el informe de marras, Singapur ocupa el segundo lugar en el mundo en
cuanto a libertad económica; Costa Rica, el 24. En el ranking de The
Heritage Foundation del año 2000, Singapur ocupa el segundo lugar; Costa
Rica, el número 58.
La carga impositiva. En vista de que la carga
impositiva en Costa Rica se acerca al 20 por ciento del producto interno
bruto (PIB), mientras que en muchos países desarrollados se sitúa entre
30 por ciento y 45 por ciento, los “expertos” concluyen que se debe
incrementar la carga impositiva en Costa Rica. Claro, no toman en cuenta
el efecto devastador de las nefastas intervenciones gubernamentales ni del
cobro de impuestos antes de tiempo; tampoco les interesa cómo se gasta el
dinero recaudado. No es lo mismo permitir que se genere la riqueza y luego
tomar el 40 por ciento para verdaderamente invertirlo en infraestructura y
otros servicios, que, a través de infinidad de intervenciones
gubernamentales, reducir el PIB al 10 por ciento de lo que debería ser y
después tomar 1/5 de lo producido para malgastarlo en subsidios (como los
CAT), salarios de una frondosa burocracia, elefantes blancos, etcétera.
Reparto de pobreza. Dado que una de las malas
razones para cobrar impuestos es la redistribución del ingreso, todo lo
anterior indica que en los países desarrollados se reparte el pastel
después de que éste haya sido creado: se le permite a la gente generar
riqueza y luego se reparte una porción de ella según el gusto de los
gobernantes. En los países subdesarrollados, en cambio, los gobernantes
reparten el pastel antes de que éste haya sido creado: no permiten que
los individuos produzcan riqueza, y luego distribuyen parte de esa pobreza
a su gusto. Eso sí, todos los días anuncian programas para combatir la
pobreza
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