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Gobierno y regulaciones

Una política social sostenible

En la ciudad de Lauenberg, Alemania, bajo los auspicios de la Fundación Friedrich Naumann, la revista Perfiles Liberales y el Instituto Liberal, un grupo de expertos latinoamericanos y europeos nos reunimos durante octubre 17-21, con el fin de analizar la crisis de la política social en ambos continentes. Al final del encuentro, con la presencia del Viceministro de Economía, Klaus Bünger, el grupo emitió la Declaración de Lauenberg.

El análisis de la política social se enfocó en las regulaciones del mercado laboral que afectan el empleo y el ingreso de los trabajadores, los sistemas de pensiones que se basan mayoritariamente en el reparto intrageneracional, la interrelación entre la globalización y la flexibilidad de las economías, y las políticas económicas que generan bienestar para la gran mayoría. Se concluyó que, definitivamente, en lugar de crear o promover un bienestar sostenible, el Estado Benefactor ha montado un gigantesco aparato que agobia a los ciudadanos y estrangula su iniciativa. En particular, dicho Estado ha relevado a los ciudadanos de sus responsabilidades individuales y familiares, y ha disminuido la solidaridad natural, espontánea y voluntaria entre ellos. En Europa, las políticas han provocado desempleo y altos impuestos; en Latinoamérica han frenado el crecimiento económico, limitado la competitividad, originado elevados niveles de inflación, desempleo y pobreza, y condenado a los más débiles a servicios de baja calidad. Se observó, además, que pese a que el Estado Benefactor ya no puede honrar los compromisos adquiridos, muchos gobernantes, mediante una ocultación dolosa y electorera de la realidad, alimentan en la opinión pública falsas expectativas sobre la continuidad, a largo plazo, de generosos programas de bienestar como el sistema de pensiones basado en el reparto. Si no se realiza ahora una profunda transformación, que evite mayores dificultades en el futuro, los más débiles de la sociedad serán los principales perjudicados, porque los recursos serán cada vez más limitados.

Solidaridad sin coerción. Los citados en Lauenberg creemos en la solidaridad, pero estamos conscientes de que ésta no puede darse con base en la coerción; que el primer acto de solidaridad consiste en el más elemental respeto por la dignidad humana, lo que exige reconocer que cada individuo tiene el derecho a asumir las responsabilidades primarias por su propia vida y a escoger libremente el camino o las medidas que estime más convenientes; que heredarles a las generaciones futuras deudas multimillonarias que limitarán su capacidad para vivir dignamente, es un grosero acto de insolidaridad. Queremos el acceso de todos los ciudadanos, sin excepción, a servicios de calidad que sólo la iniciativa privada puede proporcionar. La libre competencia entre empresas y asociaciones civiles proveedoras de tales servicios aumentará su calidad y reducirá su precio, haciéndolos más accesibles para todos. El Estado debiera subsidiar directamente sólo a aquellos individuos que genuinamente no tengan la capacidad para pagar los servicios. Las recomendaciones específicas que emanaron del encuentro son:

1. Privatizar los servicios sociales y los fondos de pensiones, pasando de un sistema de reparto a otro de capitalización, similares a los fondos de ahorro e inversión. De esta manera, las contribuciones de los ciudadanos serán percibidas como una inversión personal y no un impuesto. La transparencia en los costos de los servicios sociales y en las cantidades ahorradas para la jubilación proporcionará mayor seguridad al ciudadano.

2. Que el Estado renuncie primero al monopolio y luego a la gestión de la salud, educación, pensiones y demás servicios sociales. La privatización de las grandes empresas públicas puede aportar los fondos necesarios para efectuar la transición de un sistema social público a otro basado en la organización espontánea de la sociedad civil.

3. Reducir drásticamente la actual presión fiscal (incluyendo una reforma tributaria) que destruye la creatividad y el esfuerzo de las personas. El autoempleo y fácil acceso a la creación de empresas reducirá la desocupación. Por otra parte, debe desprenderse de las funciones empresariales, desregular los mercados y simplificar el Código del Trabajo.

4. Adecuar el Estado a las necesidades actuales, concentrando sus esfuerzos en la preservación del el Estado de Derecho y en la atención personalizada de las necesidades sociales de los realmente débiles, no de toda la ciudadanía.

Los presentes en el encuentro reconocimos que algunos países de América Latina (Chile, Argentina, México) están demostrando con sus novedosas y exitosas políticas sociales que la solución para la crisis existe, y que se fundamenta en lo antes mencionado. En los umbrales del nuevo milenio, la tesis expuesta y abrazada en Lauenberg es quizá la mejor forma de aportarle a la humanidad un marco social justo y eficaz, basado en el esfuerzo y el mérito de la persona, así como en la verdadera solidaridad intergeneracional.

Rigoberto Stewart

(La Nación, C.R., 18/12/97)

 

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