En el
artículo Exámenes de incorporación (La Nación
/21/2/98/P.15), don Guillermo Malavassi indica que desde que nació, en
1976, la Universidad Autónoma de Centro América (UACA) ha pedido que se
practiquen exámenes de incorporación al Colegio profesional, y que sea
requisito pertenecer al colegio respectivo para poder ejercer la
profesión. El objetivo de esta restricción, según su criterio, es
"asegurarle a la nación costarricense que todo profesional colegiado
es idóneo". Me pregunto si tal garantía es posible, si la
sociedad la ha pedido e incluso si puede pedirla. Cada vez que alguien
pretende garantizarle a la sociedad algo que no ha pedido ni puede pedir,
ésta sale pagando una factura descomunal. Paso a señalar los defectos de
la propuesta de la UACA, para luego ofrecer una opción infinitamente
mejor: la propuesta libertaria.
Defectos
de la propuesta UACA. En primer lugar, esta propuesta viola el
derecho a la libertad de asociación, puesto que para poder ejercer la
profesión el individuo debe necesariamente asociarse al colegio
respectivo. Este solo hecho la descalifica. Dos,
presupone, erróneamente, que los que manejan el colegio son idóneos.
Pero está comprobado que los medianejos de cualquier profesión son los
proclives a pertenecer y dirigir ese tipo de organizaciones. Son los que
prepararían los exámenes. Por éste y otros motivos, sólo se podría
intentar la garantía de marras examinando a los examinadores y luego a
los que examinan a estos últimos, y así sucesivamente. Tres, limita la
información y las opciones que los individuos en la sociedad deben tener.
Los usuarios de los servicios profesionales sólo podrían acudir a los
miembros de un sólo colegio, y estos pueden ser malos (todos) como tiende
a suceder cuando existe un monopolio como el que se pretende crear.
Cuatro, no es cierto que se puede evitar que la colegiación obligatoria
no constituya un elemento limitador de la oferta profesional y protector
de mediocres e inútiles. Quinto, si se aprobara la fatídica ley, en poco
tiempo florecería un atractivo y amplio mercado negro de exámenes y de
notas aprobatorias, minando así los propósitos de la medida y la ya
deteriorada moral de la sociedad. Y sexto, ya que se erige como garante de
la idoneidad del profesional, el colegio tendría que asumir la
responsabilidad por los actos y el desempeño de sus miembros. Es decir,
se le podría demandar al colegio, fácilmente, por mala práctica, lo que
lo liquidaría en un santiamén. Estoy seguro de que soslayarían esta
responsabilidad, porque en este país nos encanta coartar libertades pero
sin asumir la obligación correspondiente.
La
propuesta libertaria. En contraste con la de la UACA, esta
propuesta descansa sobre dos nociones cardinales: que la libertad de
asociación es un derecho fundamental que debe ser respetado y que los
únicos que pueden hacer una verdadera determinación de la idoneidad del
profesional son los usuarios, bien informados. Concretamente, la propuesta
consiste en que todo graduado pueda ejercer libremente su profesión y que
la información que requiera el usuario para discriminar emane de la
proliferación de agrupaciones de profesionales en un mismo campo, los
cuales serían de afiliación voluntaria. Por ejemplo, en lugar del
monopolio actual del Colegio de Abogados, podría haber 10, 15 o más
agrupaciones de abogados. Cada uno podría establecer sus propios
requisitos de incorporación, incluyendo un examen. En poco tiempo, por su
rendimiento y la información que naturalmente brotaría de ellos, el
público sabría cuáles colegios tienen los mejore profesionales y
cuáles los peores, y podría seleccionarlos según sus necesidades,
preferencias, presupuestos.
Esta
propuesta tiene varias ventajas: no viola el derecho a la libertad de
asociación, le permite al público más información y una amplia gama de
opciones, evita el ignominioso espectáculo de la venta de exámenes y la
inmoralidad de las promociones por paga, al igual que la necesidad de las
inobservables garantías; y lejos de limitar la oferta, reconoce que en un
mismo campo puede haber una amplia y variada oferta de calidades
profesionales que correspondería con una demanda de calidades igualmente
amplia y variada, según las necesidades o tareas.
Debemos
oponernos vehementemente al nefasto proyecto del diputado Antonio Álvarez
Desanti y los miles de proyectos de este tipo que seguirán apareciendo en
esta sociedad que se hace cada vez más totalitaria y primitiva.
Rigoberto
Stewart