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Derechos Individuales
Libertad económica y el crimen oficial
Del Informe Anual 2000: Libertad Económica en el Mundo,
publicado por el Instituto Fraser de Canadá y el Instituto Cato de los
Estados Unidos, además de think tanks independientes de otros 52
países (incluyendo al INLAP de Costa Rica), y que clasifica a 123
países según su Índice de Libertad Económica (ILE), podemos extraer
dos conclusiones muy importantes: (1) vivimos en un planeta más libre
económicamente y (2) la violación del derecho humano a la
libertad económica es un crimen por el cual los gobernantes deben ser
juzgados y condenados como cualquier otro criminal.
¿Qué es y cómo se mide la libertad económica? En esencia, la
libertad económica es el grado de libertad que tienen los individuos
para producir, distribuir y consumir bienes y servicios. Para medirla,
los autores del informe (James Gwartney y Robert Lawson) utilizaron siete
grandes categorías de variables: tamaño del gobierno, estructura de la
economía y el predominio de los mercados, política monetaria y la
estabilidad de precios, libertad para utilizar otras monedas, la
estructura legal y la seguridad de la propiedad privada, libertad para
comerciar con extranjeros y libertad de intercambio en mercados de
capitales y financieros. El ILE es un promedio ponderado de las 23
variables contenidas en esas categorías, y tiene una escala de 0 a 10,
donde 10 representa la máxima libertad.
La clasificación. Después de Hong Kong y Singapur, las
economías más libres son: Nueva Zelanda (3°), Estados Unidos (4°), el
Reino Unido (5°) e Irlanda (6°), seguidas por Canadá, Australia, los
Países Bajos, Luxemburgo y Suiza. Entre las economías menos libres
figuran: la República Democrática del Congo, Sierra Leona, Ruanda,
Madagascar y Guinea-Bissau.
Un mundo más libre
A pesar de que muchas personas continúan viviendo bajo gobiernos que
son hostiles a la propiedad privada, la elección individual y la libertad
de intercambio, el informe indica que el mundo avanza en cuanto a la
libertad económica. El promedio del índice de libertad económica para
los 123 países incluidos en el estudio fue de 6,6 en 1997,
significativamente superior al 5,3 de 1980. Esto se debe a mejoras
globales en varios componentes del índice, como la inflación, el
comercio internacional, los impuestos y el consumo del gobierno. El
promedio de la tasa de inflación descendió de 14,5 porciento en 1980 a
5,8 porciento en 1997 y el número de países con una tasa de inflación
anual inferior al 5 porciento pasó de 10 a 55; el promedio de los
aranceles pasó de 27 porciento en 1980 a menos de 12 porciento en 1997; y
a pesar de que las transferencias y los subsidios continúan en
crecimiento -con un promedio de 11,3 porciento del PIB en 1997-, la parte
de los bienes y servicios consumida por el gobierno se ha estabilizado y
las tasas marginales máximas de los impuestos han descendido
drásticamente.
Estos resultados indican que muchos gobiernos han ido liberando a su
gente. En Latinoamérica se han logrado avances significativos en países
como Perú, Nicaragua, Argentina, El Salvador y la República Dominicana.
Entre los que más han avanzado en la liberación de su gente durante la
década pasada se encuentran Irlanda y Nueva Zelanda, países que ocuparon
los puestos 28 y 10, respectivamente, en 1990.
Irlanda. A principios de los años 90, los gobernantes de este
país se embarcaron en un impresionante programa de liberalización que
tuvo los siguientes componentes: una reducción drástica del tamaño del
gobierno (ahora consume 14,8 porciento del PIB) y de la deuda pública, un
arancel promedio de sólo 3,6 porciento, una tasa máxima de impuestos de
10 porciento para muchas compañías, libre participación del sector
privado en cualquier área de la economía, una inflación promedio anual
de 3 porciento durante 1990-96 y de 1,6 porciento en 1997, un sistema
bancario libre, abierto y competitivo, y un sistema judicial que protege
adecuadamente la propiedad privada. La consecuencia de esta
liberalización fue un crecimiento del PIB de 6,6 porciento anual durante
1990-96 y de 10,5 porciento en 1997.
Nueva Zelanda. Después de mucho aislacionismo económico, en
1984, el primer ministro David Lange inició un programa de
liberalización económica extremadamente ambicioso, el cual fue expandido
por el gobierno siguiente a través de una regulación nula del mercado
laboral, el equilibrio del presupuesto y mayor reducción de impuestos. En
consecuencia, el arancel promedio bajó a 3 porciento (llegará a cero en
el 2000), el gobierno consume sólo el 15 porciento del PIB, la inflación
promedió en 1986-96 sólo 6,1 porciento (fue de 1,2 porciento en 1997),
el sistema bancario no tiene regulación (ni siquiera existe el encaje
legal) y se encuentra internacionalizado, los sistemas legal y judicial
son eficientes y protegen celosamente la propiedad privada. Además, es
fácil establecer una empresa en ese país.
El crimen económico
Mientras que los políticos irlandeses y neozelandeses, con un
despliegue de sabiduría, valentía y decencia, propician altos niveles de
bienestar para su gente mediante el respeto de su derecho a la libertad
económica, con igual ostentación de cobardía, estulticia y
deshonestidad, muchos políticos latinoamericanos violan el derecho de sus
ciudadanos a la libertad económica, condenándolos a la miseria y a otros
males.
Los gobernantes costarricenses no han sido la excepción. En 1970,
Costa Rica tuvo un ILE de 8,3. Sin embargo, la creciente intervención
estatal hizo que este índice cayera a 5,6 durante 1980-1985. Desde
entonces, se ha recuperado hasta alcanzar un índice de 7,3 en 1990 y 8,1
en 1997. En 1970, Costa Rica ocupó el puesto número 6, cayó al 47 en
1985 y mejoró subsecuentemente hasta ubicarse en el puesto 22 en 1997.
Aunque no aparece en este informe, otros estudios indican que el país
descendió entre 1997 y 1999.
La libertad económica en este país se ve disminuida porque el consumo
del gobierno (17,2 porciento del PIB en 1997) no es compensado por los
servicios obtenidos, aún persiste una alta tasa de crecimiento del dinero
y de la inflación, las restricciones y regulaciones impiden el libre
funcionamiento de bancos internacionales en el país, el arancel promedio
de 11 porciento es muy alto y varios aranceles superan el 100 porciento,
los procedimientos aduanales son engorrosos y costosos, en muchos mercados
importantes los consumidores no pueden ejercer su derecho a la elección
(el gobierno los tiene monopolizados) y los sistemas legal y judicial no
son eficientes ni protegen adecuadamente la propiedad privada.
Libertad económica, prosperidad y calidad de vida. El estudio
demuestra, inequívocamente, que hay una relación directa y causal entre
libertad económica y prosperidad. Los países que conforman el 20
porciento de los más libres económicamente tuvieron un ingreso per
cápita promedio de US$18 108 y una tasa de crecimiento promedio
anual de 1,6 porciento (durante 1970-97), en tanto que los países
ubicados entre el último 20 porciento de la clasificación tuvieron un
ingreso per cápita de sólo US$1 669 y una tasa de crecimiento
promedio anual de B1,3
porciento (negativo). Además, la esperanza de vida promedio en los 24
países más libres económicamente es de unos 20 años más que en los 24
países menos libres.
El crimen. Las evidencias son claras: los gobernantes que violan
el derecho de sus ciudadanos a la libertad económica generan pobreza y
hasta la muerte (reducen la calidad y la “cantidad” de vida -años
hombre- de la población), y esto es adecuadamente cuantificable. Por
ejemplo, durante 1978-82, el índice de libertad económica de Costa Rica
bajó a 5,6 (en 1970 era de 8,1). Con los datos del estudio se puede hacer
una proyección sobre las muertes generadas (la cantidad de años de vida
perdidos en el tiempo) por ese grado de violación de la libertad
económica. Por ejemplo, los doctores Guido Miranda y Luis del Valle
concluyeron que durante la década de los noventa se perdieron 240 000
años de vida a causa de la violencia en Costa Rica. De la misma manera
podemos estimar el número de años de vida perdidos a causa de la
violación de la libertad económica.
El caso Pinochet sienta un buen precedente: los crímenes de los
gobernantes no deben quedar impunes. Se debe juzgar a todas las
autoridades que sacrifican a los ciudadanos por medio de la
violación de su derecho humano a la libertad económica; solo que no se
podrá acudir a jueces oficiales, como Baltasar Garzón, porque ellos
forman parte de los que han de ser juzgados. Habrá que acudir a un
tribunal privado y a un ente privado para ejecutar la sentencia. ¿Quién
se apunta?
Rigoberto Stewart
(Perfiles del siglo XXI, n°86, septiembre del 2000)
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