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ICE: Cosas de monopolio

Los economistas demuestran por medio de gráficos y curvas marginales cómo y por qué los monopolios siempre ofrecen menos del bien o servicio y cobran precios mucho más altos que los que ofrecerían y cobrarían las empresas en competencia. Quiero ilustrar esto con dos incidentes personales relacionados con el ICE.

Primero. Hace casi un año, en vista de que había trasladado mi oficina de Heredia a mi casa en el Roble de Alajuela y pedido el traslado de las dos líneas de teléfono, solicité al ICE el servicio de anunciar el número de mi casa cada vez que alguien marcara el desconectado. Me dijeron que ese servicio no lo daban (¿monopolio?), pero que si yo llevara una grabadora que anuncie el cambio ellos lo conectarían al número de Heredia. Busqué una grabadora, la preparé y regresé a la oficina del ICE. Al presentarla me dijeron que debía también llevar la cajita para enchufes modulares (¡todo mundo tiene de eso excepto el ICE!). Compré la cajita, la dejé con ellos y me fui pensando que ya tenía el problema solucionado. Dos días después aún no la habían conectado. Insistí y finalmente funcionó.

En estos días, el ICE cambió el número de mi casa --los otros dos aún no han sido trasladados-- ya que puso a operar la central de La Guácima. Necesitaba la grabadora para hacer lo mismo, ya que, como recuerdan, ese servicio no lo da el ICE, y yo estaba (estoy) incomunicado. Fui a Heredia y solicité la devolución de mi grabadora. Al principio me dijeron que regresara el día siguiente porque el técnico no estaba y no encontraban el aparato. Al contestarles que no tenía tiempo y que necesitaba la grabadora ese mismo día, pues estaba incomunicado, se fueron a buscar de nuevo y después de un lapso volvió un señor con una grabadora que había encontrado por casualidad. La examiné. Era la mía pero estaba rota, la tapa estaba desprendida, y le faltaba un pedazo del lado izquierdo y el adaptador de corriente. Al preguntarle qué hacemos, me contestó que el ICE tenía que hacerse responsable y que por lo pronto iba a ver si en Alajuela tenían una grabadora para hacerme la vuelta. Llamó y le dijeron que sí se podía. ¡Aleluya! Tres días después, seguía sin el servicio.

Segundo. Ese mismo día (viernes 28/7/95), fui a la agencia del ICE en Alajuela. Llegué a las 2 de la tarde y le conté a la señorita que venía a pedirle el favor de hacer público el nuevo número de mi casa, o sea, que se lo dieran a cualquiera que lo solicitara al 113, ya que estaba (estoy) incomunicado. Me pidió la cédula, la miró y me indicó que estaba vencida. "Sí, le dije, pero aquí está el recibo del registro civil que prueba que el otro está en trámite", y me contestó que no era aceptable, por cosas del reglamento. En ese momento le dije que si lo que quería era constatar mi identidad, podía traer la licencia para conducir que es un documento oficial tan válido como el otro, que era reciente y también vigente. La respuesta volvió a ser negativa. Después de mucha discusión, fue a consultar con el jefe de turno y regresó con la misma negativa. Ahí se me subió la temperatura, y pedí la presencia del jefe, ante lo cual ella me informó que él estaba almorzando y que debía esperar 45 minutos. Fui a la caja a pagar el recibo del mismo número telefónico del problema, regresé y demandé nuevamente la presencia del jefe bajo la amenaza de hacer un escándalo si no venía. Mandó un policía. Unos 20 minutos después llegó él, todo matón, diciéndome que ya sabía de mi malacrianza. Le volví a explicar que la lógica me decía que con la licencia y todo lo demás que andaba se me debía dar el servicio. Me contestó que la lógica no aplicaba en todos los casos, que este era uno de ellos, y que no me iban a dar el servicio, así de sencillo. Al decirle que por eso había que privatizar, me respondió: "Sí, y ojalá que usted sea el presidente de una de esas compañías". Solo me quedó hacerle saber lo inútil que era, y me fui a escribir este artículo.

A pesar de no ser dueño de American Express, cuando llamo a los Estado Unidos para cualquier servicio, para constatar que yo soy yo, ellos me hacen un par de preguntas que solo yo puedo contestar, y ahí termina el asunto. ¿Será que los gringos comen algo que los criollos no pueden, o será cosa del monopolio? ¿Quién quiere comprar mi parte del ICE?

Rigoberto Stewart

(La Nación, C.R.,19/8/95)

 

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