Depende. Si hablamos de aquél que produce algo
directamente, el productor-industrial-empresario, entonces el tico es
invaluable. Si hablamos de todos los demás, de los que por necesidad son
consumidores, entonces el tico vale poco menos que basura. Vale nada. Para
sustentar esta tesis, recurriré a sólo tres expresiones o actitudes (hay
muchas más) que han sido muy comunes y populares en estos tiempos.
Protección de nuestros mercados. Ante los retos
de la globalización, tirios y troyanos sugieren que Costa Rica debe
proteger sus mercados. Pero, en realidad, el mercado tico está conformado
por productores y consumidores costarricenses, y la protección significa
impedir la libre importación por parte de los consumidores; significa
quitarle las opciones al consumidor (violar su derecho a elegir) y dejarlo
a expensas del productor nacional, quien sí puede exportar libremente.
Subsidios externos. Los gremios de productores
argumentan que los Estados Unidos y la Unión Europea otorgan subsidios a
los agricultores que afectan a los productores costarricenses, y proponen
dos cosas: que a esos productores se les otorguen subsidios compensatorios
y que se suban los aranceles para encarecer esos bienes. Pero, si los
subsidios externos abaratan los bienes importados, los consumidores se
verían muy beneficiados. De ahí que lo que solicitan los gremios es que
se le quite, vía aranceles, ese beneficio al consumidor. Por otra parte,
cuando piden subsidios, lo que en realidad demandan es que al consumidor
se le quite dinero, vía impuestos, para entregárselo a ellos. ¿Cuánto
vale el consumidor? ¿Tiene los mismos derechos que ellos?
La inmoral tragicomedia proteccionista. Los
gremios de marras sugieren que si los países desarrollados no abren sus
mercados (ya están bastante abiertos), Costa Rica debe mantener el suyo
cerrado. ¿Será sensata y moralmente aceptable esta postura? Sólo si
aceptamos que los consumidores no son seres humanos con derechos iguales a
los de los productores y que tanto los políticos como los gremios pueden
hacer con ellos lo que les venga en gana. En realidad, la obra Si
no te abres no me abro es una tragicomedia que se desarrolla de la
siguiente manera: El político latinoamericano le dice a su homólogo de
la Unión Europea: “Si no permites que mi productor de banano venda
libremente en tu mercado, yo no permitiré que tu productor de leche venda
en el mío.” Lo que significa: “Si eres tan malo como para impedir que
tus consumidores -los cuales gastan menos del 10 porciento de sus ingresos
en alimentos- se aprovechen del banano barato que venden mis productores,
yo te enseñaré que puedo ser más vil y despreciable que tú, e
impediré que mis famélicos y empobrecidos consumidores -los cuales
gastan más del 60 porciento de sus ingresos en alimentos- se aprovechen
de la leche barata que venden tus productores.” De este modo, los
consumidores -todos nosotros- somos tratados como una despreciable pelota
de fútbol política.
Este avasallamiento del consumidor tiene sus días
contados, pues en enero del 2000 se conformará una asociación nacional
de consumidores, muy fuerte, cuyo fin primordial será la defensa del
consumidor frente al Estado y los gremios que pisotean sus derechos. Su
tesis central será la soberanía del consumidor (equivalente a la que hoy
tiene el productor), la no limitación de sus opciones. En cuanto al
comercio internacional, esta soberanía implica apertura unilateral total.
Y en cuanto