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Economía
Costos de la intervención en
granos
Según sus actuaciones, las manifestaciones oficiales y
sus estatutos, el Consejo Nacional de Producción (CNP) se creó con los
propósitos de: a) brindar, entre otras cosas, un "precio
justo", tanto a productores como a consumidores de alimentos
básicos, b) estabilizar los precios de estos productos, y c) proteger
tanto a los consumidores de escasos recursos como a los pequeños
productores de granos básicos de la explotación por parte de
"comerciantes inescrupulosos".
Precio justo. Es difícil definir que es un precio
justo, ya que es un término cargado de elementos subjetivos; para un
productor, entre más elevado sea, más justo es; mientras que para el
consumidor es todo lo contrario. Por eso, quizás, la definición de un
colega gusta tanto. El dice que el "precio justo" es aquel que
estarían dispuestos a pagar y a aceptar consumidores y productores bien
informados y con toda libertad de actuar. Y esto no es, ni más ni menos,
que el precio en un mercado libre de distorsiones. Ahora, veamos los
objetivos en función de los hechos.
Precio estable. Un estudio realizado en 1989 demostró que, si
bien es cierto que las acciones del CNP hicieron que los precios
nacionales de granos básicos fueran más estables que los
internacionales, también fue cierto que ni los consumidores ni los
productores se beneficiaron perceptiblemente de esta estabilidad, excepto
los grandes productores de arroz. Esto se debe, en gran medida, a que los
consumidores costarricenses dedican a los granos básicos (arroz, maíz
blanco y frijol) sólo una pequeña parte de su presupuesto alimentario y
a que los productores de granos además de enfrentarse a precios con poca
correlación entre sí, también se encuentran muy diversificados. La
implicación de este resultado es que la existencia del CNP no se puede
justificar con base en la función de estabilizar los precios de los
granos.
Los otros objetivos. Para evaluar el cumplimiento
de los otros objetivos y los costos incurridos en el proceso, quiero
referirme a los resultados de un estudio reciente que se ocupó de los
aspectos que se señalan a continuación.
Politica de precios. El estudio demostró que,
durante los últimos cuarenta años, el gobierno fijó los precios
nacionales de arroz, maíz blanco y maíz amarillo consistentemente por
encima de los precios que hubieran prevalecido en un mercado sin
intervención; o sea, los precios de frontera o costo de oportunidad al
país. En el mercado del frijol, la política de precios fue todo lo
contrario: el precio nacional fue sistemáticamente inferior al de
frontera.
Transferencias a consumidores. El estudio
demostró que, en cuanto a esos tres granos y a raíz de la intervención
estatal, los consumidores perdieron en los mercados de arroz y maíz
blanco, pero recibieron transferencias positivas en el del frijol. El
balance neto fue de una pérdida promedio de ¢109 per cápita por año
durante los últimos tres años agrícolas. También demostró que, aunque
los consumidores menos pobres consumen más arroz y frijol y menos maíz
blanco per cápita que los más pobres, no hubo mayores diferencias en la
pérdida sufrida por cada uno de los consumidores en los diferentes
estratos de ingresos de cada región.
Transferencias a los productores. El estudio
demostró que los productores de arroz y maíz blanco recibieron
importantes transferencias de ingresos a raíz de las políticas ,
mientras que los de frijol perdieron cantidades aún mayores. Los
productores de arroz de las regiones Pacífico Central y Pacífico Norte
ganaron, en promedio, unos ¢10,000 por hectárea por año, mientras que
los productores de frijol de la región Huetar Norte perdieron alrededor
de ¢11,000 por hectárea por año. Desde el punto de vista distributivo,
el estudio demostró palmariamente que, en promedio, los productores de
fincas pequeñas perdieron, mientras que los de fincas grandes ganaron a
causa de las intervenciones del CNP. El grupo con fincas de entre 100 y
500 hectáreas ganó unos ¢400 millones y el de más de 500 hectáreas
ganó unos ¢820 millones netos en tres años, mientras que el de 0-10
hectáreas perdió alrededor de ¢160 millones durante el mismo período.
Estos resultados son diametralmente opuestos a los esperados, deseados o
pregonados.
Transferencias regionales. El estudio también
demostró que, durante el mismo período, ¢83 millones fueron
transferidos de una región empobrecida, la Huetar Norte, a otras regiones
relativamente más ricas, como la Meseta Central.
En resumen, las políticas de precios del CNP han
castigado a los consumidores, en especial a los más pobres, beneficiado a
los grandes productores de arroz y castigado severamente a los pequeños
productores de frijol. Vemos entonces que, en cuanto a la protección del
pequeño productor y al consumidor de escasos recursos, el CNP tiene un
historial deplorable. Entonces ¿para qué sirve, de veras, el CNP?,
¿cómo se puede justificar su existencia? En un próximo artículo me
referiré a algunos otros costos relacionados con el CNP y trataré de
contestar estas preguntas.
Rigoberto Stewart
(La Nación, C.R., 1991)
Funciones
del CNP
En un artículo anterior detallé algunos de los costos en que se ha
incurrido, a raíz de la intervención gubernamental, en los mercados de
granos básicos; en éste, permítanme terminar la historia. Además de
los mercados de arroz, frijol y maíz blanco, el CNP también ha
intervenido en el mercado del maíz amarillo, un insumo muy importante en
la producción de pollo, huevos, cerdo, y en menor grado, leche. ¿Qué
efectos ha tenido esta intervención? ¿Cuáles han sido sus costos?
Para responder a ésta pregunta y caracterizar en una forma más
completa los efectos de la liberalización de todos los mercados de granos
y de productos pecuarios, se desarrolló un modelo en el cual todos estos
mercados están entrelazados. El modelo base para 1989/90 fue actualizado
a una nueva base, correspondiente al promedio de los últimos cinco años
(1985/86-1989/90), y utilizado como punto de referencia para varias
simulaciones de política. La solución correspondiente a la
liberalización total de los mercados de granos básicos pronosticó,
entre otras cosas, que, en comparación con los promedios de
1985/86-1989/90:
i) la producción de carne de pollo, huevos,
leche y cerdo aumentarían entre 5 y 13 por ciento; los precios al
consumidor disminuirían entre 3 y 12 por ciento y el consumo
aumentaría entre 5 y 13 por ciento;
ii) el ingreso de los productores de granos
disminuiría en 17,5 por ciento o ¢413 millones; el ingreso de los
productores pecuarios disminuiría en 5,1 por ciento o ¢360 millones;
el poder adquisitivo real de los consumidores aumentaría en 6,2 por
ciento o ¢1740 millones; y el bienestar social, en su conjunto,
aumentaría en 2,7 por ciento o ¢967 millones.
El cambio en el bienestar de casi ¢1000 millones
equivale al costo de la mala asignación de recursos que provocan las
intervenciones en los mercados de granos básicos. Esta pérdida, sin
embargo, es sólo parte del costo total en que incurre el país como
consecuencia de las intervenciones del Gobierno. Al intervenir, fijando
precios y ofreciendo subsidios a unos y a otros, el CNP incurre en gastos
adicionales a los que demandan normalmente las labores de acopio, secado,
transporte, almacenamiento, venta. Estos se estimaron en alrededor de
¢5800 millones por año; por tanto, el costo social total de la
intervención actual es de alrededor de ¢6500 millones por año. Esto es
sumamente costoso, especialmente cuando vemos que, como resultado de las
intervenciones, el bienestar de los consumidores y el bienestar social se
menguan en beneficio sólo de los grandes productores. Evidentemente,
existe un gran despilfarro en el enfoque actual que, además de caro,
perjudica al pequeño productor y a los consumidores pobres.
De todo esto se concluye que la existencia del CNP no
se puede justificar con base en los objetivos de ofrecer un precio
"justo" y estable o el de proteger o favorecer a los pequeños
productores y consumidores pobres, y que la colectividad sólo se podría
beneficiar de la no intervención en los mercados de granos básicos.
En cuanto a esto de la liberalización de los mercados,
argumentarán, con o sin razón, que en aras de la justicia hay que
ofrecer a la agricultura (llámese arroz) cierto grado de protección
debido a que el sector industrial la recibe. Bien, esto se puede hacer
imponiendo un arancel a la importación de arroz del 10 ó 15% y
cobrándolo en los puertos. ¡No se necesita de todo un aparato estatal
para esto!
Entonces ¿para que sirve el CNP? Queda un último
objetivo, el de prevenir la formación de monopolios u oligopolios en el
acopio y comercialización de los granos. Dudo mucho que en ausencia del
CNP se den concentraciones de poder en el manejo de los granos u otras
situaciones más perniciosas que las actuales. Sin embargo, aceptemos que
aquí sí tiene una función defensible el CNP. El asunto es que para
cumplir esta función, y sólo ésta, no necesita de ninguna ventaja sobre
los actores privados; no requiere de subsidios directos ni indirectos del
gobierno, ni ventajas en el crédito, y mucho menos de cualquier poder de
tipo monopólico: sólo necesita actuar como un intermediario más, uno
que sirve de contrapeso para mantener la armonía del sistema.
En consideración de todo lo anterior, propongo una
alternativa de comercialización de los granos que, a mi juicio,
eliminaría el despilfarro y le traería grandes beneficios al país. En
este nuevo sistema:
A. Toda protección a los productores de granos
se hace a través de aranceles y no de restricciones quantitativas.
Hay un solo nivel de arancel para todos los granos, excepto maíz
amarillo, por razones obvias, que no supera nunca el 30 por ciento.
B. Hay libre importación y exportación de los
cuatro granos por cualquier persona o empresa, incluyendo al CNP,
siempre que paguen los aranceles impuestos.
C. El CNP participa en la comercialización de
estos granos con las cantidades necesarias para evitar monopolios u
oligopolios en estos mercados; pero actua en completa igualdad de
condiciones que sus colegas privados, y sin ningún subsidio del
Estado.
Con este sistema se obtendría una reducción drástica
del costo de intervención y del despilfarro de recursos; se beneficiaría
enormemente a los consumidores, en especial a los pobres; se lograría
mayor justicia en la distribución del ingreso, ya que el de los pequeños
productores y el de zonas pobres, como la Huetar Norte, incrementarían
considerablemente, y se eliminarían los costos de eficiencia a través de
una mejor asignación de recursos.
RIGOBERTO STEWART
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