La pobreza se genera de muchas maneras. Una de ellas es a través de
infortunadas medidas económicas que resultan de la impudicia y la
incapacidad de nuestros gobernantes para captar sencillos conceptos
económicos. Veamos un concepto. La riqueza de una comunidad se genera a
través de la producción y el consumo de bienes y
servicios. Los productores se enriquecen mediante la generación de lo que
los economistas llaman el excedente del productor, EP. Los
consumidores lo hacen a través del excedente del consumidor, EC.
El EP es equivalente a la diferencia entre la suma que el productor recibe
y lo que invierte para producir una determinada cantidad de un bien o
servicio. Por ejemplo, si para producir 20 unidades gasta S/.400, pero las
vende en S/.1 000; su EP sería de S/.600. En principio, cuanto mayor sea
el precio, mayor es este excedente. Por otra parte, el EC es
equivalente a la diferencia entre lo que el consumidor está dispuesto a
pagar por una determinada cantidad de un bien y lo que en efecto paga. Si
él está dispuesto a pagar S/.2 000 por las mismas 20 unidades
mencionadas (este monto representa el valor de la satisfacción que él
deriva de su uso o consumo), pero sólo debe pagar S/.1 000; su EC o
ganancia sería de S/.1 000. En general, cuanto mayor sea el precio, menor
es este excedente.
El EC constituye riqueza porque el individuo puede utilizar lo que
ahorra en un mercado determinado para invertir o adquirir otros bienes y
servicios. Como todos los mercados están conformados por productores y
consumidores, la totalidad de la riqueza que se genera por medio de la
producción y consumo de un bien, equivale a la suma de los excedentes
(EC+EP) en ese mercado. Es decir, la suma de la ganancia de los
productores más la de los consumidores. La generación global de riqueza
es equivalente a la suma de la riqueza (EP+EC) obtenida en todos y cada
uno de los mercados de bienes y servicios.
El Error. Por deficiencias mentales y de orden moral, los
gobernantes desestiman al consumidor y su excedente, EC. Descartan
a esa mitad de la ecuación que explica cómo se produce la riqueza.
Extrañamente, para ellos sólo el productor genera prosperidad y, por
tanto, es merecedor de premios. Esta tesitura los lleva a cometer el
siguiente crimen: utilizan el impuesto expoliado a los consumidores para
subsidiar a los productores; además, erigen barreras comerciales para
concederles a éstos aún mayores privilegios. Ambas acciones favorecen al
productor, pero castigan al ciudadano común, al consumidor. Además del
regalo (el subsidio), el productor ve incrementado su excedente por
vía del aumento en el precio, originado por la protección. Mientras, el
consumidor, escoria parasitaria, no sólo carga con el subsidio que
aquellos reciben, sino que se ve obligado a pagar un precio mayor por el
bien; su EC disminuye. Es víctima del doble efecto empobrecedor. Lo
único que se logra con esas dos acciones es redistribuir la riqueza
generada; pero no se da un incremento del total. El pastel es el mismo,
pero su distribución es distorsionada. ¡No hay nada misterioso en
cuanto a la mala distribución del ingreso en Latinoamérica!
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo crear riqueza? La riqueza se crea
aumentando el EC y el EP simultáneamente. Y para hacerlo, son necesarias
al menos dos acciones importantes. Primero, la región o país se
especializa en aquellas actividades para los cuales goza de ventaja
comparativa (¡siempre habrá!) e intercambia con otros. Segundo, se
reducen los costos de producción, mediante acertadas inversiones en
investigación, infraestructura y formación de capital humano (incluye
salud). En ambas fallamos estrepitosamente. Para cualquier región, la
especialización implica importar lo barato para incrementar el EC, y
exportar lo caro para acrecentar el EP. Sin embargo, nuestros
"preclaros" líderes (acompañados por periodistas, economistas,
intelectuales, clérigos) están convencidos de que importar lo barato es
perjudicial; por esa razón erigen las barreras comerciales. ¿Carencia
mental o espiritual?
A pesar del despiste, en Costa Rica se ha experimentado alguna
especialización, aunque dificultosamente. Muchos guanacastecos, por
ejemplo, han dejado de ser grandes productores de arroz y carne bovina
para convertirse en importantes productores-exportadores de melón. Por
ser esta última una actividad mucho más rentable, han logrado
multiplicar sus excedentes, EP. Y si los gobernantes permitieran la
importación de arroz y carne barata, los consumidores también verían
incrementados sus excedentes, EC. Todos serían más ricos. Pero no
sucede así. Además de no permitir la libre importación de esos
alimentos, las "autoridades" utilizan la fuerza para extraer
dinero de los consumidores y entregarlo, a través de los CAT, a esos
productores; algunos de los cuales son empresas transnacionales. ¿Cómo
puede darse este oprobio impunemente en el ocaso del siglo XX, 500 años
después? ¿Y la moral?
Rigoberto Stewart
(La Nación, C.R., 6/2/98)