Se acaba de anunciar que la cosecha de frijol nacional será buena y
que, como los precios internacionales también son "buenos", el
país orgullosamente formará parte de los países exportadores de frijol
en 1991. Esto ocurre cuando aún no terminan las amas de casa de clamar
por la insipidez del frijol chino que se acaba de importar.
Una de ellas me manifestó que le parecía que todos los años hacemos
lo mismo: exportar frijol al principio del año, solo para volverlo a
importar semanas o meses después, y se preguntó si no sería mejor
almacenar el grano y así no incurrir en esos gastos; finalmente me dijo:
"Usted que es economista, ¿por qué no le pone números a ésto?. Y
lo hice.
Tomé como ejemplo lo que sucedió durante el período comprendido
entre enero de 1988 y marzo de 1990. En ese lapso se exportaron 9221
toneladas métricas de frijol y se importaron 8413. Las exportaciones
ocurrieron en enero, junio y julio de 1988 y en marzo de 1990; y las
importaciones tuvieron lugar en todos los meses de 1989, excepto marzo.
Seguidamente comparé los costos de dos estrategias de manejo o
comercialización de frijol:
Estrategia 1, equivalente a la seguida por el gobierno, en la cual
se exporta e importa el exceso según, me imagino, haya un excedente o
faltante de frijol durante un período muy corto; y Estrategia 2,
en la cual se almacena el grano, en vez de exportarlo, y se utiliza,
según las necesidades, durante el mismo período cubierto por la primera
estrategia.
En el caso de la Estrategia 1, el dinero proveniente de la
exportación va a un fondo, en dólares, que genera un interés del 10%
anual sobre saldos. Cuando se importa grano, el fondo se reduce en la
cantidad necesaria para pagar la importación. En la Estrategia 2
no hay ingresos y se incurre en el costo mensual de almacenar el grano. El
resultado fue el siguiente: la estrategia del gobierno tuvo un costo de
US$4,4 millones, mientras que la Estrategia 2 sólo habría costado
US$814 000. Es decir, en el espacio de dos años la "broma" de
estar importando y exportando continuamente, le costó a los
costarricenses US$3.5 millones (unos ¢160 millones por año, al tipo de
cambio de 1988/89), y esta cifra no incluye todos los gastos
administrativos y demás necesarios para realizar estas transacciones.
La Estrategia 1, seguida por el Estado, se podría justificar
sólo si somos incapaces de almacenar el frijol por mas de unos pocos
meses sin deteriorar sus cualidades organolépticas, físicas y
nutricionales o bien carecemos de suficiente espacio para su
almacenamiento. Referente a lo primero, los técnicos dicen que el frijol
se puede almacenar hasta 9 meses, bajo condiciones naturales de zonas como
Cartago sin que sus cualidades sean afectadas (hay experiencias de
almacenamiento por 3 a 4 años en otros países, bajo condiciones
controladas); y en cuanto a lo segundo, si no existe el suficiente
espacio, el costo al país en que se incurre bajo la estrategia actual
indica que debiera existir y desde hace muchos años.
Este despilfarro de recursos públicos, que parece suceder todos los
años, no debe continuar. Menos aún durante tiempos tan difíciles y
cuando se acaba de anunciar que el Ministerio de Hacienda le dará al CNP
¢250 millones para que pueda ser sujeto de crédito en el Banco de Costa
Rica. A todas luces, resulta conveniente que el Ministro de Agricultura
tome nota de este asunto.
Rigoberto Stewart
(La Nación, C.R., 12/2/91)