Los libros de texto sobre economía política señalan
escuetamente y sin mucha explicación que los políticos actúan de
acuerdo con sus propios intereses -no los de la población- y por eso
toman medidas que tanto perjudican a la sociedad. Por ser extremadamente
incompleta --no explica, por ejemplo, cómo un ser humano puede ser capaz
de las atrocidades que comete diariamente la clase política
latinoamericana --, esta explicación del comportamiento de los políticos
nunca me gustó. Debía haber una explicación mucho más satisfactoria. Y
la encontré en el "Miedo a la Libertad" de Erich Fromm.
De acuerdo con su descripción, nuestros políticos son representantes
típicos del "carácter autoritario".
El autor señala que el autoritarismo es un
mecanismo de evasión de la libertad, que consiste en la tendencia a
abandonar la independencia del yo individual propio, para fundirse con
algo, o alguien, exterior a uno mismo, a fin de adquirir la fuerza de que
el yo individual carece. "Las formas más nítidas de este mecanismo
pueden observarse en la tendencia compulsiva hacia la sumisión y la
dominación o, con mayor precisión, en los impulsos sádicos y masoquistas
(...) Las formas más frecuentes en las que se presentan las tendencias
masoquistas están constituidas por los sentimientos de inferioridad,
impotencia e insignificancia individual (...) existe, sin embargo, algún
poder inconsciente que se halla en su misma psiquis y que las impulsa a
sentirse inferiores".
"En el mismo tipo de carácter autoritario pueden
hallarse, con mucha regularidad, además de las tendencias masoquistas,
otras completamente opuestas, de carácter sádico, que varían en
el grado de su fuerza y son más o menos conscientes, pero que nunca
faltan del todo. Se pueden observar tres especies de tales tendencias,
enlazadas entre sí en mayor o menor medida. La primera se dirige al
sometimiento de los otros, al ejercicio de una forma tan ilimitada y
absoluta de poder que reduzca a los sometidos al papel de meros
instrumentos (...) Otra está constituida por el impulso tendente no sólo
a mandar de manera tan autoritaria sobre los demás, sino también a
explotarles, a robarles, a sacarles las entrañas (...) El tercer tipo de
tendencia sádica lo constituye el deseo de hacer sufrir a los demás o de
verlos sufrir. Tal sufrimiento puede ser físico, pero más frecuentemente
se trata del dolor psíquico. Su objeto es el de castigar de una manera
activa, de humillar, de colocar a los otros en situaciones incómodas o
depresivas, de hacerles pasar vergüenza.
"En sentido psicológico, el deseo de poder no se
arraiga en el fuerza, sino en la debilidad (...) En la medida en que un
individuo es potente, es decir, capaz de actualizar sus potencialidades
sobre la base de la libertad y la integridad del yo, no necesita dominar y
se halla exento del apetito del poder." (Nuestros políticos
matarían por el poder. ¿Qué nos dice esto?). "Para el carácter
autoritario existen, por así decirlo, dos sexos: los poderosos y los que
no lo son. Su amor, admiración y disposición para el sometimiento surgen
automáticamente en presencia del poder, ya sea el de una persona o el de
una institución. El poder lo fascina, no en tanto que defiende algún
sistema determinado de valores, sino simplemente por lo que es, porque es poder.
Del mismo modo que su "amor" se dirige de una manera automática
hacia el poder, así las personas o instituciones que carecen de él son
inmediatamente objeto de su desprecio. La sola presencia de personas
indefensas hace que en él surja el impulso de atacarlas, dominarlas y
humillarlas. Mientras otro tipo de carácter se sentiría espantado frente
a la mera idea de atacar a un individuo indefenso, el carácter
autoritario se siente tanto más impulsado a hacerlo, cuanto más débil
es la otra persona.
"En la filosofía autoritaria el concepto de
igualdad no existe. El carácter autoritario puede a veces emplear el
término igualdad en forma puramente convencional o bien porque conviene a
sus propósitos. Pero no posee para él significado real o importancia
puesto que se refiere a algo ajeno a su experiencia emocional. Para él,
el mundo se compone de personas que tienen poder y otras que carecen de
él; de superiores y de inferiores. Sobre la base de sus impulsos
sadomasoquistas experimenta tan sólo la dominación o la sumisión,
jamás la solidaridad. Las diferencias, sean de sexo o de raza,
constituyen necesariamente para él signos de inferioridad o superioridad.
Es incapaz de pensar una diferencia que no posea esta connotación."
Ahora sí tenemos un marco de referencia que nos ayuda
a entender lo del Banco Anglo, Aviación Civil, BICSA; el afán
proteccionista del actual Ministro de Agricultura, la posición de don
Rodrigo Carazo con respecto a instituciones públicas que nos saquean, la
escalada de impuestos, los cráteres en las carreteras, las interminables
filas en la CCSS, el robo de las pensiones, la contaminación de los ríos
con aguas negras..., la subida semanal del precio de los combustibles.
Rigoberto Stewart
(La Nación, C.R., 7/1/97)