Desde Rodrigo Carazo (1978-82), en Costa Rica no
sufríamos de tanta ineptitud en el Palacio Presidencial. El presidente
José María Figueres no ha sabido enfrentar el problema de la deuda
interna. A principios de 1996, su gobierno reconoció la seriedad del
problema de la deuda interna, pues sólo el pago de intereses para el año
pasado absorbía 36% del presupuesto nacional. Ante la alarma
generalizada, el presidente Figueres conformó una comisión de alto
nivel, encabezada por el Dr. Eduardo Lizano, prominente economista, dos
veces presidente del Banco Central; convocó a los otros seis
expresidentes que aún viven, y citó a la sociedad civil (sindicatos,
colegios profesionales, partido políticos, profesores, campesinos) a una
encerrona de dos días. Como resultado obtuvo numerosas y muy variadas
propuestas, las cuales abarcaron aspectos administrativos, medidas para
incrementar los ingresos y contener los gastos, otras para reducir el
saldo de la deuda , y una estrategia financiera para manejarla. Después
del análisis de la vasta información recabada, en diciembre Figueres
informó al país sobre las medidas que iba a tomar para solucionar tan
angustiante problema. Su propuesta, en esencia, recogió todas las medidas
fáciles e inconvenientes, mientras que eludía las difíciles y
convenientes para el país. Del sinnúmero de medidas contempladas, quiero
referirme a tres: la venta de activos del Estado, el límite
constitucional al déficit fiscal, y los impuestos.
Venta de Activos
A pesar de ser un tema polémico en Costa Rica, tanto los expresidentes
como la Comisión reconocieron que no se puede solucionar
satisfactoriamente el problema de una deuda interna que supera el 50% del
PIB sin recurrir a la venta de activos del Estado. Sin embargo, asumiendo
poses populistas, ni el Presidente ni los precandidatos presidenciales de
los dos partidos mayoritarios respaldan la venta de los activos más
valiosos: las empresas de servicios de telecomunicaciones y electricidad,
las refinadoras de combustibles y las empresas aseguradoras. Todos son
monopolios estatales. Dentro del paquete de leyes que Figueres envió al
Congreso con urgencia no se encuentra la venta de ningún activo estatal.
Además de obtener recursos para cancelar la deuda, hay otras razones
por las cuales se deben vender dichos activos. La Comisión reconoció que
una de ellas es la mejoría en cuanto a calidad y cantidad de los
servicios. El Movimiento Libertario, partido político emergente, agrega
el imperativo moral. Señala que es inmoral que el Estado regule una
actividad y participe a la vez en ella como empresario. Indica además que
con monopolizar esos mercados, el Estado viola el derecho de los
ciudadanos a participar como oferentes en cualquier actividad, y el de
tener opciones como consumidores.
Límites al Déficit Fiscal
Fue ampliamente reconocido por los diferentes grupos que el problema de
la deuda tampoco se puede solucionar sin limitar el posible endeudamiento
de futuros gobiernos. Sin embargo, sólo Jorge Guardia, expresidente del
Banco Central, Thelmo Vargas, exministro de Hacienda, han señalado que la
limitación constitucional ha de ser cero endeudamiento, cero déficit
fiscal. Todos los demás, incluyendo el Presidente Figueres, sugieren
limitar el déficit al 1% del PIB, a sabiendas de que con ello se abre una
puerta para que el déficit llegue a ser lo que quieran los gobernantes.
Más Impuestos
En la práctica, el plan del presidente Figueres esencialmente implica
más endeudamiento y una escalada de impuestos de todo tipo. En febrero de
1997 envió al Congreso cinco proyectos de ley para lograr que algunas
instituciones del Estado paguen impuestos sobre la renta, elevar los
impuestos sobre la propiedad de los vehículos de lujo, emitir títulos
valores por US$2 millones para sustituir parte de la deuda, condonar la
deuda que tiene el Estado con varios entes del Estado mismo y mantener el
impuesto sobre ventas en 15% en lugar de bajar a 13% como estaba
proyectado. Previo a esto, había elevado el impuesto sobre los
combustibles. Esta escalada de impuestos no va a solucionar el problema,
sólo va a estrangular más la economía, incrementar el desempleo, el
estancamiento y la inflación.
Rigoberto Stewart
(AIPE, 21/3/97)