El 30 de setiembre, la Asamblea General de Nicaragua autorizó al
presidente Alemán para detener y bloquear el transporte comercial
marítimo y terrestre procedente de Costa Rica cuando lo considere
oportuno. El propósito de esta autorización era "para demostrar al
Gobierno costarricense que nosotros también tenemos capacidad de
presión", dijo el legislador Enrique Sánchez Herdocia. ¿Qué
motivó tan visceral reacción de los legisladores nicaragüenses? Según
la prensa de ese país, fueron declaraciones del presidente costarricense,
Miguel A. Rodríguez, y del embajador de Costa Rica en Nicaragua, Edgar
Ugalde, que dejaron entrever que Costa Rica quiere cobrarle a Nicaragua
por los servicios de salud y educación que los nicaragüenses residentes
en ese país reciben gratuitamente. Además, parece que Costa Rica
también está presionando a su vecino del norte por el pago de una deuda
externa estimada en unos US$475 millones.
El pago por servicios
Con respecto a la exigencia de pago por servicios, existen dos
versiones. Tanto el presidente Rodríguez como el embajador Ugalde
declararon posteriormente que lo que ellos dijeron es que los
nicaragüenses que viven en Costa Rica deben cotizar los servicios del
seguro social y, supongo, pagar por la educación. En realidad no importa
cual de las dos versiones es la verdad, porque en ambos casos el problema
surge del nefasto colectivismo imperante en los dos países. Veamos. En el
primero, si los ciudadanos nicaragüenses pagan impuestos a su gobierno y
éste, a su vez, paga por los servicios sociales que reciben algunos de
sus ciudadanos radicados en el vecino país, la implicación es que un
individuo en Nicaragua estaría pagando por servicios que otras personas,
desconocidas para él, obtienen en Costa Rica. Esto es algo así como
obligarme a pagar por los tragos que un tico cualquiera se toma en Miami.
Un absurdo del colectivismo.
Analicemos el segundo caso, donde lo único que quieren los oficiales
ticos es que los nicas paguen por los servicios de salud y educación que
reciben en Costa Rica. Si en este último país dichos servicios fueran
privados, cada individuo pagaría por la cantidad demandada y recibida,
independientemente de su nacionalidad, y no habría ningún problema. Pero
los políticos colectivizaron el servicio. Todo ciudadano-trabajador debe
contribuir obligatoriamente para sufragar los gastos que generan esos
servicios, por lo que no existe una relación entre oferta y demanda. Esta
desgracia, sin embargo, no explica por qué los trabajadores de origen
nicaragüense no pagan. Aparentemente la mayoría de esos individuos no
contribuye al régimen de salud porque, como son ilegales, los empleadores
deben contratarlos solapadamente, por lo que no aparecen en planillas y,
por consiguiente, no contribuyen al seguro social ni pagan ciertos
impuestos. El causante del problema es el gobierno costarricense, por
tratarlos como ilegales. Si la migración fuera libre, el problema no
existiría.
Nicaragüenses explotados
Una de las reacciones del presidente Alemán a las opiniones vertidas
por Rodríguez fue declarar que decenas de miles de nicaragüenses son
explotados en Costa Rica y anunció el pronto regreso de estos para que se
incorporen a las labores productivas en su país natal. No cabe duda de
que por ser "ilegales" muchos empresarios les pagan menos de lo
que le pagarían a un tico; tampoco cubren los servicios sociales. Pero
aún así estas infortunadas personas están mejor que en Nicaragua, de
otra manera no emigrarían o al menos retornarían de inmediato. Pero como
no lo hacen, no queda más que concluir que en Nicaragua es donde son más
explotados. Y digo "más" porque los dos gobiernos (las dos
clases políticas) explotan a sus súbditos. El gobierno de Costa Rica
explota a los trabajadores, robándoles parte de sus pensiones y sus
ahorros obligatorios, obligándolos a pagar por subsidios a los
exportadores y a pagar el doble por la leche y otros alimentos. Y como no
hay distinción por nacionalidad, también explota a los de origen
nicaragüense.
Las verdaderas razones
La acción de los parlamentarios y las declaraciones del presidente
Alemán tienen otra razón de ser: crear una cortina de humo. Al respecto,
un influyente político costarricense declaró: "Cada vez que el
pueblo empieza a percibir que sus gobernantes son un atajo de
delincuentes, entonces el Gobierno enfila sus baterías contra Costa Rica
y logra levantar niveles de nacionalismo nica para distraer la atención
de la gran problemática que tienen." Esto fue exactamente lo que
hizo el señor Alemán cuando creó el conflicto en el río San Juan el
pasado 15 de julio.
Sea como sea, el conflicto es netamente entre las dos clases
políticas. El problema es que cuando están de acuerdo, el pueblo se
convierte en el pato de la fiesta, y cuando se pelean, como ahora,
también. A nivel individual siempre han existido valiosos nexos humanos
entre costarricenses y nicaragüenses, cosa que no cambiará, por más que
los políticos traten.
Rigoberto Stewart
(AIPE,, 23/10/98)