El 8 de noviembre, luego de siete meses de
investigación, un panel de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
emitió su informe definitivo ordenando a Estados Unidos eliminar la cuota
que le había impuesto a las importaciones de ropa interior manufacturada
en Costa Rica.
La resolución es una victoria contra el proteccionismo
textil estadounidense. Todo empezó en marzo de 1995 cuando Estados
Unidos, alegando una amenaza a su industria textil, llamó a consultas a
Costa Rica y le ofreció una cuota de 14,4 millones de docenas anuales de
ropa íntima de algodón y fibra sintética. Esta cuota fue impuesta,
unilateralmente, en junio del mismo año. Costa Rica no fue, sin embargo,
el único país llamado a consultas. Por la misma época, Estados Unidos
llamó también a Colombia, El Salvador, Honduras, República Dominicana,
Tailandia y Turquía. Todos estos aceptaron las restricciones o negociaron
condiciones menos restrictivas con el importador. Costa Rica no aceptó y,
luego del fracaso de reuniones bilaterales y un fallo del Órgano de
Supervisión de Textiles en su favor, en febrero de 1996, apeló el caso
ante la OMC.
¿Por qué ganó Costa Rica? Porque la medida de Estado
Unidos fue antojadiza y muy contraria al espíritu de libre comercio
anunciado por Bill Clinton. De acuerdo con el artículo 6 del Acuerdo
Sobre Textiles y Vestidos, de la Ronda de Uruguay del GATT, para que un
país invoque medidas de salvaguardia en favor de su industria debe
demostrar:
1) Que hubo un incremento sensible en la cantidad
exportada del país a limitar; 2) que hay un perjuicio grave o amenaza
real a su industria; y 3) que hay una relación causal entre 1 y 2. El
panel concluyó que Estados Unidos no demostró que había perjuicio o
amenaza a su industria, sus informes fueron deficientes y contradictorios.
Tampoco demostró que eran las exportaciones de Costa Rica las que
causaban el problema.
El Wall Street Journal señala que una oficina
del Congreso de Estados Unidos llegó a una conclusión similar. El
comunicado de la oficina decía: "Los que defienden el sistema de
cuotas de importación de productos textiles, carecen de argumentos reales
para respaldar con hechos sus exigencias de restringir las
importaciones".
El equipo negociador del Ministerio de Comercio
Exterior costarricense tiene el mérito de no haber aceptado las presiones
de Estados Unidos ni la imposición de la cuota, como pasó con varios
otros países. Y tampoco amenazaron con tomar represalias. Quien sufre con
esas represalias es el pueblo, no los fabricantes extranjeros.
La tragicomedia de las represalias se desarrolla más o
menos así. El burócrata latino le dice al de Estados Unidos: “Si usted
no permite que mi productor se beneficie vendiendo textiles en su país,
yo no permitiré que el suyo venda leche en el mío”. Lo que en realidad
eso significa es que Estados Unidos perjudica a sus consumidores de
textiles, quienes gastan menos del 10% de sus ingresos en vestido, pero el
gobierno latinoamericano se propone perjudicar a su pobre gente, que gasta
más o menos la mitad de sus ingresos en alimentos.
Ahora, ¿significa, este triunfo, que Costa Rica se ha
convertido en adalid del libre comercio? No. Costa Rica sigue siendo un
país mercantilista. Los gobernantes creen que lo importante es exportar,
no importar. Buscan y pelean mercados para sus productores, pero no
permiten que sus consumidores aprovechen las mejores condiciones ofrecidas
por extranjeros. Es más, Costa Rica acaba de anunciar una
intensificación del proteccionismo agropecuario para lograr un mayor
nivel de autosuficiencia en alimentos básicos. Las malas costumbres
mueren lenta y difícilmente. En este momento existen aranceles de 109%
para la importación de leche; 55% para arroz pilado, 54% para el azúcar,
270% para partes de pollo.
Ésta es una actitud común, inclusive en la industria
textil. Recientemente muchos textileros se quejaban de que un
"jeans" fabricado en El Salvador, marca Ferruche, se vende por
US$15, mientras que un Calvet, de calidad similar, hecho en Costa Rica,
cuesta US$27. Y reclamaban que las prendas de vestir provenientes de
Centroámérica y México no pagan aranceles suficientemente altos.
Rigoberto Stewart
(AIPE, 31/12/96)