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Costa Rica: predominio del mercantilismo feudal

En octubre de 1996, los países centroamericanos decidieron disminuir los aranceles gradualmente, de tal manera que para diciembre de 1999 las materias primas estuviesen totalmente exentas y los bienes finales pagaran solamente un 15 porciento. Sin embargo, dos meses después, como parte de las medidas para atenuar la deuda interna, Costa Rica decidió posponer la reducción de dos puntos porcentuales (pasar de 20% a 18%) que ya tenía programada. Se indicó que la medida sería temporal y que la desgravación continuaría de acuerdo con la programación previa. Empero, se volvió a vacilar, y a principios de junio de este año, los viceministros de Economía de Centroamérica decidieron nuevamente aplazar la reducción arancelaria por cinco años más, con el fin de "darle tiempo a los sectores productivos delicados de la región (textiles, ropa, calzado, llantas, ropa, leche, papa, cebolla) para acomodarse al proceso". De manera que el techo arancelario de 15% fue pospuesto hasta el 2005.

Esta sucede a las pocas semanas de que todos los presidentes centroamericanos exigieran al presidente Bill Clinton, a raíz de su visita, la celebración de tratados de libre comercio (TLC) con Estados Unidos.

Demuestra falta de seriedad y ausencia de un verdadero compromiso con el libre comercio.

La postergación de la apertura generó una reacción airada de los representantes de la Cámara de Comercio, alegando que mientras más se postergue este tipo de decisiones, que procuran generar las condiciones necesarias para que el país pueda entrar en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), más rezagada quedará Costa Rica y no va a haber tiempo suficiente para asimilar los cambios. Tienen razón. Curiosamente, el presidente de dicha cámara, reveló que según los resultados de una encuesta, el 41 porciento de los empresarios no saben qué es el ALCA y el 52 porciento sabe muy poco. Evidentemente que ni los empresarios ni los gobiernos latinoamericanos están interesados en ALCA, a pesar de los ocasionales poses engañosas de algunos de estos últimos, como la de pedir un TLC con Estados Unidos.

En muchos países latinoamericanos, la desgravación arancelaria ha experimentado un trayecto difícil por dos razones fundamentales: 1) la fuerte oposición que ha encontrado en algunos sectores productivos, quienes han contado con el apoyo casi incondicional de los gobiernos, y 2) la alta dependencia que aún mantienen los gobiernos de los ingresos aduanales. En cuanto a la primera, es notorio el desdén manifiesto hacia los consumidores a la hora de evaluar los efectos de los aranceles. Aunque muchos países pregonan que todos sus ciudadanos son iguales ante la ley, no vacilan en permitir que sus productores exporten libremente y hasta con subsidios pagados por los consumidores, al mismo tiempo que les niegan a estos últimos el derecho a importar libremente. En este sentido, los consumidores latinoamericanos han sido ciudadanos de segunda clase; y esta es una de las razones para que prevalezcan los altos índices de pobreza y desnutrición que conocemos. En cuanto a la segunda, resulta sorprendente que durante 1996 y los primeros cinco meses de 1997, los ingresos aduanales hayan representado, en Costa Rica, entre el 45 y 47 porciento de todos los ingresos del fisco. Esta trascendencia de los aranceles como mecanismo de recaudación fiscal es casi aberrante, y más apropiada para países con niveles de desarrollo muy inferiores. Es sabido que en la medida que un país avance (y, a la vez, como requisito para lograrlo) depende cada vez menos de impuestos distorsionantes como éstos. En Taiwán, el tigre asiático con más aranceles, ese rubro aportó sólo el 19 porciento de toda la recaudación fiscal de 1986-88. Desde entonces, se ha reducido.

Resulta evidente, entonces, que la prevalencia en Latinoamérica del mercantilismo feudal, la desvalorización de los consumidores y la alta dependencia de los aranceles como mecanismo de recaudación fiscal vaticinan que no se conformará el ALCA para el año 2005; y quizás nunca.

Rigoberto Stewart
(AIPE, 3/7/97)

 

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