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El Estado y la violencia
La violencia ha alcanzado proporciones alarmantes y la preocupación es
generalizada. Los delitos contra la propiedad y la persona son altos y van
en crecimiento. Cada día hay más robos, desfalcos, violaciones de
mujeres y niños, mutilaciones y asesinatos horrendos. La escalada de la
violencia parece no tener fin. Ante esta situación, nadie parece tener
una respuesta clara. Las “autoridades” andan perdidas y los
intelectuales se empecinan en culpar a la televisión y a otros medios de
comunicación. Para encontrar la respuesta adecuada y la solución para el
problema, debemos hurgar en nuestra cultura y las instituciones que ésta
ha generado.
Las Causas de la Violencia
En el libro Libertad en Nuestro Tiempo, editado por Rigoberto
Stewart y Vince Miller, y publicado por el INLAP, el intelectual
libertario, Jarret Wollstein, señala que “las causas de la agresión
son iguales a los factores que motivan la mayoría de las acciones
humanas: las necesidades y deseos no cumplidos. Para que una persona elija
el uso de la violencia como modo de realizar sus deseos y necesidades,
hace falta un requisito adicional: que esa persona perciba la violencia
como un modo más aceptable y eficiente para satisfacer sus deseos y
necesidades que otros modos de actuar. También es más probable que
ocurra violencia cuando otros métodos, no violentos, de satisfacer los
deseos y necesidades sean frustrados de una manera u otra. Por eso, al
identificar las causas necesarias de la agresión, deberíamos examinar los
factores que frustran la satisfacción no violenta de los deseos y
necesidades, y los factores que conducen a las personas a ver la violencia
como un método aceptable y eficiente para lograr sus metas.” Según
este autor, hay por lo menos siete factores que conducen a la
violencia: (1) la neurosis, (2) el colectivismo, (3) el gobierno, (4) la
envidia, (5) la ignorancia, (6) la desesperación, y (7) la avaricia.
Veamos el tercero.
El Gobierno.
Los gobiernos inspiran la agresión de muchas maneras.
Primeramente, ellos mismos son culpables de cometer la mayoría de las
agresiones. Esto es obvio en el caso del “ahorro” obligatorio, seguro
obligatorio, afiliación obligatoria a sistemas de salud y pensiones,
impuestos a la propiedad, la práctica de censurar. Los crímenes de la
calle motivados por la privación económica son, en gran medida, causados
por el gobierno. Este les crea grandes problemas económicos a los
sectores más pobres de la sociedad a través de impuestos, regulaciones,
prohibiciones y permisos. Por ejemplo, los monopolios estatales encarecen
los servicios y reducen la oferta, por lo que muchos pobres no pueden
costear el servicio. El arancel (impuesto) de 104% a la leche significa
que miles de pobres, especialmente niños, se quedan sin tan básico
alimento, a menos que roben o asalten.
La justicia estatal.
Nuestro mal llamado sistema de justicia
es violento y deshumanizado. Está basado en la noción de culpa y
castigo; más que justicia, es penitencia. Christian Michel, un
prestigioso intelectual francés, se pregunta cuál es la racionalidad del
castigo, y señala que “el castigo es una especie de ritual, de clímax.
Puede satisfacer profundos impulsos psicológicos hacia la violencia y la
venganza, los mismos impulsos cuya erradicación debería ser el
propósito de la civilización, pero que los políticos están muy
dispuestos a manipular.” El efecto disuasivo del castigo aún tiene que
ser probado. La violencia estatal contra el autor de un crimen no niega la
violencia original perpetrada contra la víctima, simplemente contribuye a
la cantidad total de violencia cometida en el país. Este ciclo de
violencia no beneficia a nadie. Y las superpobladas, sucias e insalubres
cárceles del gobierno son una escuela para el crimen y un antro para la
deshumanización del individuo.
Crímenes sin víctimas.
Otro rasgo deleznable del sistema de
justicia estatal es que confisca los derechos de la víctima y permite la
creación de crímenes sin víctimas; es decir, se criminaliza actos que
no constituyen una violación de algún derecho individual. El gobierno
convierte a los vicios en crímenes. Al respecto, Christian Michel
señala: “ Si los únicos conflictos en la sociedad se relacionaran con
los derechos a la propiedad privada y no existiera ninguno de los
crímenes imaginarios que inventan los políticos, las prisiones no
estarían abarrotadas como lo están hoy. Estos crímenes sin víctimas
representan la mitad de las condenas dictadas por los jueces en Francia y
Estados Unidos.”
La Solución para el Problema de la Violencia
Hay al menos dos áreas en las cuales se pueden realizar medidas
correctivas que redunden en un descenso dramático de la violencia que
sufrimos: la política económica y la justicia.
Política económica.
Para lograr la reducción de la violencia
se debe procurar medidas económicas que no frustren la satisfacción
pacífica de las necesidades individuales. Esto implica que se deben
remover todos los impedimentos a la participación del individuo en
cualquier actividad económica.
La justicia.
Se debe cambiar el violento y deshumanizado sistema
de justicia estatal por uno privado, humanizado y libertario. En el
paradigma libertario, la justicia tiene que ver con los derechos de
propiedad, y sólo con éstos y su violación. Este paradigma coloca a las
víctimas y no a la "sociedad" en el centro del sistema, y
procura su restitución, o sea, una completa compensación por las
pérdidas y daños sufridos. Un sistema judicial basado en la restitución
reduce la cantidad total de violencia presente en la sociedad, ya que
desecha todos los crímenes sin víctimas, reduciendo drásticamente los
niveles actuales de intervención policial.
5/7/1999
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