A raíz de
la tempestad que causó la aprobación, en primer debate, de la Ley para
el mejoramiento de servicios públicos de electricidad y
telecomunicaciones, el llamado combo ICE, los gobernantes han sugerido un
período de calma, reflexión y análisis antes del segundo debate.
Durante este tiempo se utilizarán criterios diversos para sopesar las
bondades y defectos de la ley. El Instituto para la Libertad y el
Análisis de Políticas (INLAP) tiene la plena convicción de que en un
supuesto Estado de Derecho, el proyecto de ley y las reacciones que ha
suscitado deben ser evaluados desde la perspectiva de los derechos
individuales (entiéndase, derechos humanos). Esto es inusual en un país
donde la gran mayoría de los habitantes ignoran cuáles son sus
verdaderos derechos como individuos, ciudadanos o grupos, y donde los
gobernantes están acostumbrados a pisotear esos derechos.
Nuestros
derechos como proveedores y consumidores. Todo ser humano tiene el
derecho -solo o en asocio con otros-- de intercambiar libremente bienes y
servicios con otros individuos, siempre que no medie ni la fuerza ni el
engaño. En Costa Rica, a través de monopolios como el ICE, los
gobernantes han violado este derecho durante los últimos cincuenta años.
Utilizando la fuerza, le han dicho al ciudadano: “Usted no puede vender
servicios eléctricos ni telefónicos; tampoco los puede adquirir de otra
empresa que no sea el ICE.” A través de la apertura del mercado, el
proyecto de ley le pondría un alto a esta violación, aunque sólo
parcialmente, porque el combo mantiene injustificadas limitaciones al
ciudadano, tanto en su rol de proveedor como en el de consumidor de esos
servicios. Además, la apertura sería retardada.
Nuestro
derecho como propietarios de bienes públicos y privados. Bienes
públicos. ¿De quién es el ICE? Sin importar el criterio que se utilice,
está claro que el ICE no es de todos. Hasta ahora, los verdaderos dueños
(los que han manejado la institución a su antojo y para su propio
beneficio) han sido los políticos y los trabajadores sindicados de la
institución. Si se aprueba la ley, el ICE continuará siendo de ellos; si
no se aprueba, también. ¿Y el pueblo? Hasta ahora, desorientado,
confundido. En lugar de bloquear calles para oponerse al combo, los
manifestantes deberían exigir que los políticos entreguen el ICE a los
ciudadanos. ¿Cómo? Extendiéndole a cada uno una acción de la empresa.
Este es su legítimo derecho, quizás el único que les asiste a los
manifestantes; sin embargo, es lo único que no han demandado.
La opción
de entregar el ICE al pueblo mediante una acción a cada ciudadano tiene
muchas ventajas sobre el combo:
1. A
través de sus votos como accionistas, son los ciudadanos -y no los
políticos-- los que deciden qué hacer con la empresa y cómo manejarla.
No hace falta ninguna manifestación en las calles.
2. Cada
ciudadano tiene absoluta libertad para decidir por sí mismo si quiere
vender o mantener su parte. Así se evita el colectivismo nefasto, donde
todos tienen que tomar la misma decisión. Es más democrático y evita
conflictos.
3. Una vez
entregada la acción, todos los habitantes se convierten simultáneamente
en oferentes y demandantes de los mismo servicios, por lo que les conviene
la apertura total e inmediata de los mercados. Con la apertura, cualquier
pérdida como productor es compensado por las ganancias como consumidor.
Dadas las
claras bondades del traspaso, ¿por qué lo han ignorado los políticos?
Porque nunca han tenido la intención de que el ICE pase a manos de los
ciudadanos; todo lo contrario, su consigna es seguir usufructuando de él
por el tiempo que dure la fábula de que el ICE es de todos. ¿Y por qué
no lo exige el pueblo? Por dos razones: porque el pueblo ignora cuáles
son sus verdaderos derechos y porque le da miedo asumir la responsabilidad
que acarrea el ser verdadero dueño de la empresa. Es muy fácil desfilar
y despotricar; pero es difícil asumir responsabilidades y riesgos.
Bienes
privados. Todos los seres humanos tenemos el derecho a la integridad
física y la de nuestros bienes. En un despliegue de bandolerismo, algunos
manifestantes violaron la propiedad de muchos costarricenses -quebraron
vidrios, golpearon carros, etc. Este atropello es totalmente inaceptable y
no debe quedar impune.
Nuestro
derecho a la libre circulación. Mientras las vías sigan siendo
públicas, todo habitante de este país tiene el derecho a la libre
circulación. Al cerrar calles y carreteras, los manifestantes
quebrantaron este derecho de los demás ciudadanos. Esta violación
también es totalmente inadmisible.
Conclusión:
Vivimos en una caricatura de Estado de Derecho donde todo el mundo
(gobernantes y ciudadanos) se arroga la potestad de violar los derechos de
los demás. En estas circunstancias sólo puede prevalecer el caos y la
violencia. Si se hubieran respetado los derechos individuales aquí
citados, este conflicto que sufrimos no se hubiera desatado. ¿Por qué no
dar el salto civilizado y tomar la senda del respeto a los derechos
individuales?
26/3/2000