El acuerdo preliminar del mal llamado tratado de libre comercio (TLC)
con Chile ha suscitado fuertes reacciones negativas en el sector
productivo, especialmente el agropecuario, el cual aduce que es
inconveniente para el país. ¿Tiene razón? La conveniencia de dicho
tratado para el país (es decir, para todos: productores y consumidores)
debe ser evaluada con base en dos aspectos: el teórico-económico y el
moral.
Aspecto teórico-económico. En lo que respecta al comercio
internacional y sus ventajas, la teoría económica señala que los
habitantes de dos países (nótese que no se limita a los productores)
pueden incrementar su nivel de bienestar (por medio del consumo) si en
lugar de producir todos los bienes, cada uno se especializa en aquellos
que produce con ventaja respecto al otro (comparativa) y luego los
intercambian.
El tratado de marras opera al revés. Contiene dos violaciones de este
principio que lo convierten en un adefesio. Primero, cada país ha
declarado como “sensibles” los rubros que produce en desventaja
comparativa y los ha excluido de la negociación. Después de que los
agricultores amenazaron con bloquear todo el país, Costa Rica excluyó
pollo, cerdo, lácteos, entre otros. Chile descartó trigo, aceites,
azúcar, cebolla, papa. Pero aquí no termina el disparate. También han
eliminado rubros que producen con ventaja. Por ejemplo, los silvicultores
ticos cuentan con clara ventaja comparativa en la producción de maderas
tropicales; los chilenos, en pino. Sin embargo, decidieron excluir los
productos forestales del TLC. ¿Quién los entiende? En estas condiciones,
las ganancias con el tratado son mínimas y el bienestar de la población
apenas se incrementa.
Segundo, los representantes han negociado plazos de desgravación
asimétricos y ridículos. Parece ser que el negociador más “hábil”
es aquel que logre los plazos más largos, es decir, quien postergue por
más tiempo los beneficios para la población. ¿Viveza criolla? Como
lograron que la mayoría de los productos de Chile ingresen sin
gravámenes sólo después de 12 y 16 años, los negociadores manifestaron
que “a su juicio son las condiciones más favorables que el país
haya tenido nunca en cualquier otro tratado”. ¡Qué bárbaros!
Equiparan al país con un puñado de productores e industriales. ¡Qué
difícil es hacerles entender que los consumidores son seres humanos y que
forman parte del país! La condición más favorable para la sociedad
sería la desgravación total e inmediata porque además de los
productores, en el país viven unos 3,8 millones de consumidores, cuyo
bienestar se elevaría de inmediato. El beneficio para el conjunto (todo
el país) sería tan grande que con una mínima parte se podría compensar
a los productores afectados. Todos ganarían.
Aspecto moral. Desde el punto de vista del respeto a los
derechos del ciudadano, el tratado también es un esperpento. El libre
intercambio de bienes y servicios entre individuos es un derecho humano
vital para su bienestar y no debe ser coartado por ningún gobierno. El
TLC es inmoral porque coarta dicha libertad. Pero no sólo eso, es
doblemente inmoral porque, en un país donde se dice que todos somos
iguales ante la ley, se hacen diferencias grotescas. Con el TLC, los
productores de ciertos rubros pueden exportar a Chile sin restricciones,
pero los consumidores tendrán que esperar 12 y 16 años para ejercer el
mismo derecho.
Codicia de los lecheros. Quizá la expresión más clara de la
inmoralidad comercial se encuentra en la actitud de los lecheros. La
postura de la empresa industrial que los agrupa varía según el mercado.
En Costa Rica, donde es productora, se opone radicalmente al TLC con Chile
y lucha por mantener el arancel de los lácteos por encima del 100 por
ciento. En Panamá, donde es importadora neta, lucha por que los aranceles
no se incrementen por encima del 40 por ciento. Quiere abarcar todos
los mercados posibles mientras impide que los ticos tengan acceso a
lácteos más baratos. Y para ello cuenta con el apoyo del gobierno.
¿TLC o TRC? Lo que se ha negociado no es un tratado de libre
comercio -éste no necesita tratados ni excluye a los consumidores-, sino
un conjunto de concesiones que se brindan entre sí los productores de
Chile y Costa Rica, representados por sus respectivos gobiernos. El
término más apropiado para este adefesio es TRC: tratado de restricción
al comercio.
¿Debe aprobarse? A la luz de los aspectos teórico-económico y
moral, el TRC es un disparate que no se debería aprobar, ya que sólo un
pequeño grupo resulta favorecido. Casi todo el beneficio potencial se
pierde. Por otra parte, si se omite el aspecto moral y sólo se toman en
cuenta los magros y sesgados beneficios, no quedaría mas remedio
que aprobarlo.