Existe la
idea generalizada de que el país no debe abrir sus mercados si los
países desarrollados no abren los suyos. Al menos así lo manifiestan los
gremios de productores y los editorialistas de algunos medios de
comunicación. ¿Es inteligente esta postura? ¿Es moral?
Un gran
error. El título de este Liberalis se refiere a Costa Rica como si fuera
un gran colectivo sin partes distinguibles. Pero los costarricenses no
somos una manada. Todo lo contrario, en Costa Rica existen productores de
rubros específicos y consumidores de casi todo. Y los intereses de estos
dos grupos son contrapuestos.
El
fantasma de los subsidios. Los gremios de productores argumentan que
los Estados Unidos y la Unión Europea otorgan subsidios a los
agricultores equivalentes a US$90.000 millones y US$100.000 millones
anuales, respectivamente, y aducen que esas ayudas afectan a sus
asociados. ¿Será cierto? La única manera en que esos subsidios pueden
afectar a los productores costarricenses es influyendo sobre el precio
internacional del bien, pero hay evidencias claras de que el efecto es
mínimo y frecuentemente contrario a lo sostenido por los gremios de
marras.
Bienestar
de los consumidores. El consumidor costarricense gana con los
subsidios que hacen bajar los precios, pero pierde cada vez que se toman
medidas proteccionistas que los elevan. Para él es una lástima que los
subsidios externos tomen formas que no hagan bajar mucho el precio
internacional. Ahora, el argumento de que los consumidores no ganan porque
los precios no bajan -o que bajan y después de que se destruye la
producción nacional suben- es sumamente ridículo. Basta con preguntar:
¿por qué no sucede lo mismo con los rubros que no se producen en el
país, como los automóviles o los televisores?
La
inmoral tragicomedia proteccionista. Se sugiere que si los países
desarrollados no abren sus mercados (ya están bastante abiertos), Costa
Rica debe mantener el suyo cerrado. ¿Será sensata y moralmente aceptable
esta postura? Sólo si aceptamos que los consumidores no son seres humanos
con iguales derechos y que tanto los políticos como los gremios pueden
hacer con ellos lo que les venga en gana. En realidad, la obra “Si no te
abres no me abro” es una tragicomedia que se desarrolla así. El
político latinoamericano le dice a su homólogo de la Unión Europea: “Si
no permites que mi productor de banano venda libremente en tu mercado, yo
no permitiré que tu productor de leche venda en el mío.” Lo que
significa: “Si eres tan malo como para impedir que tus consumidores -los
cuales gastan menos del 10 porciento de sus ingresos en alimentos- se
aprovechen del banano barato que venden mis productores, yo te enseñaré
que puedo ser más vil y despreciable que tú, e impediré que mis
famélicos y empobrecidos consumidores -los cuales gastan más del 60
porciento de sus ingresos en alimentos- se aprovechen de la leche barata
que venden tus productores.” Así los consumidores -todos nosotros-
somos tratados como una despreciable pelota de fútbol política.
Este
avasallamiento del consumidor tiene sus días contados, pues en enero
próximo se conformará una asociación de consumidores, cuyo fin
primordial será la defensa del consumidor frente al Estado y los gremios
que han estado violando sus derechos.
¿Qué
pueden hacer los productores? Para responder a esta pregunta debemos
partir del principio básico del derecho individual y de la igualdad ante
la ley. Todo costarricense tiene el derecho a decidir qué producir y
dónde y a quién venderlo; así como qué consumir y dónde y de quién
comprarlo. El productor no posee la potestad ni la autoridad para impedir
que el consumidor ejerza su legítimo derecho. Entonces, ¿cómo puede
avanzar el sector productivo sin violar los derechos de los consumidores?
Para lograrlo, los productores deben:
1.
Organizarse, pero en serio, no para pedirle al gobierno que continúe
violando el derecho legítimo y humano de los consumidores ni para exigir
prebendas, sino para realizar una verdadera gestión empresarial.
2. Exigir
la eliminación de los costos que les impone el gobierno: intereses
elevados, seguros caros, impuestos excesivos, infraestructura pésima.
3.
Diseñar estrategias modernas de producción y comercialización. En
cuanto a producción, deben estudiar el comportamiento de los mercados
internacionales para decidir en cada ciclo qué producir, cuándo y en
qué forma. En punto a la comercialización, es necesario dejar atrás el
sistema arcaico de producir lo que se les ocurre y luego salir a ver
quién les compra, para firmar contratos anticipados y utilizar los
mercados de futuro para “amarrar” buenos precios (hedging).
6/12/1999