En Por la socialdemocracia (LN,1/5/00, p.15), Kevin Casas dice
que el capitalismo “tiene la propensión a generar desigualdades
sociales” y que la socialdemocracia es un programa para limarlas. En
cuanto a las desigualdades tiene razón, solo que las atribuye al
capitalismo equivocado.
Libertad económica y equidad. A partir del estudio pionero de
J. Gwartney, R. Larson y W. Block, Economic Freedom of the World,
contamos con una buena metodología para medir la libertad económica. Se
trata del índice de libertad económica (ILE) el cual tiene un rango
ascendente en libertad que va de 0 a 10. Por otra parte, el Coeficiente de
Gini (CG) es un indicador de la distribución del ingreso de un país. Va
de 0 a 1; cuanto más se acerca a uno, más desigual es la distribución
del ingreso. Si ordenamos el ILE y el CG en un cuadro y realizamos la
prueba estadística, veremos que existe una alta correlación (y
causalidad) entre las dos variables. Cuanto mayor es la libertad
económica más equitativa es la distribución del ingreso. Es decir,
tenemos evidencias claras, irrefutables, científicamente comprobables, de
que en los países con mayor libertad económica hay mayor equidad. En
Taiwán el ILE es 7,8 y el CG 0,29. El ILE de Singapur es 8,2 y el CG
0,37. En Brasil (ILE = 2,8), la distribución del ingreso es una de las
más desiguales del mundo (CG=0,63). En Ecuador (ILE=2,8; CG=0,5), un
país donde el 52 por ciento de la población es pobre, la diferencia
entre ricos y pobres es notable.
En el artículo anterior (LN 7/7/00, p.15A ) señalé que había dos
tipos de capitalismo: el voluntario y el coercitivo o
estatal. Pues bien, según la metodología utilizada para estimar el ILE,
la libertad económica se incrementa con el capitalismo voluntario
y se reduce con el coercitivo. El capitalismo estatal, tan practicado por
la socialdemocracia latinoamericana, es el que genera las fuertes
desigualdades sociales que desvelan a don Kevin.
¿Solidaridad o estafa? La tesis socialdemócrata es la
siguiente: como hay desigualdad y la gente no es solidaria por naturaleza,
los buenos (los socialistas) deben intervenir para quitarle el dinero por
la fuerza (violar sus derechos) y entregárselo a los pobres. Solidaridad
a punta de pistola como la que practican los ladrones callejeros. Pero ya
sabemos que la desigualdad es producida por el capitalismo del amigote
(crony) que practican los mismos socialdemócratas y los otros
socialistas. Éstos utilizan las políticas económicas (aranceles,
prohibiciones, CAT, etc.) para empobrecer a la gente y enriquecer a sus compadres.
¿Cómo lo hacen? Si uno de sus amigotes industrializa leche, ellos
establecen un arancel o impuesto a la importación de leche del 100 por
ciento, lo que le permite al amigo industrial duplicar el precio. En Costa
Rica, esta medida ha obligado a la ciudadanía a transferirle a una
empresa unos ¢30 000 millones anuales. ¿Y si se trata de pollo? Bueno,
imponen un arancel de 250 porciento al pollo importado para que los ticos
le transfieran unos ¢18 000 millones anuales. Abundan los ejemplos.
Además de impudente, esta gavilla ama a los pobres como Hitler amó a
los judíos. Por lo tanto, sólo un imbécil se atrevería a confiarles, a
estos mismos, el manejo de los dineros destinados a los pobres, pues lo
lógico es que se dediquen al saqueo. Para comprobarlo, basta con repasar
las experiencias con los Fondos de Emergencias, Bonos de Vivienda, Fondos
de Contingencia Agrícola, Fondos de Compensación Social, Fodesaf en
general, ¿sigo?
Verdadera solidaridad. La verdadera solidaridad implica,
primero, el respeto de los derechos de todos los seres humanos y, segundo,
ayuda voluntaria. No puede ser de otra manera. Por esta razón, los
libertarios fundamentan la solución de la pobreza en tres pilares: capitalismo
voluntario (el régimen económico que crea la mayor riqueza y la
mayor igualdad), respeto de los derechos individuales (o humanos) y
solidaridad voluntaria. Al contrario de los socialdemócratas, el
libertario sabe que la gente es solidaria. En este país lo demuestran las
Damas Voluntarias del Hospital Nacional de Niños, el Club de Leones, el
Club Activo 20-30, las teletones, la JPSS, programas deportivos como el de
Leonel Jiménez, y un largo etcétera.
Kevin Casas escribe: “A fin de cuentas no tenemos evidencias de que
sin intervención estatal la vida social y económica discurra
naturalmente hacia un equilibrio socialmente óptimo.” Pero tenemos
evidencias claras de que con la intervención estatal la vida social y
económica es mucho más desequilibrada de lo que podría y debería ser.
(La Nación, C.R., 1/8/00)