Según un informe de Cefsa, las pérdidas causadas por
el huracán Mitch ascendieron a US$6 535 millones, equivalente al
13 por ciento del PIB regional. Hubo 3 millones de damnificados, 243 000
viviendas destruidas o dañadas y, en algunos países, más del 50 por
ciento de la red vial deteriorada. Para asistir a la región, ha habido
todo tipo de propuestas, demandas y ofertas. Una importante demanda de los
gobernantes centroamericanos es la revisión de la Iniciativa de la Cuenca
del Caribe (ICC), para obtener "un mayor acceso de sus productos y
del resto de la región al mercado estadounidense, en particular para la
industria textilera." Pero no se quedaron ahí. Claman por "el
establecimiento de un acuerdo de libre comercio entre los Estados Unidos,
Centroamérica, y otros afligidos países del Caribe".
Dos clases de ciudadanos. Por diseño de la
clase política, en Centroamérica, infortunadamente, existen dos grupos
de ciudadanos: (1) el grupo empresarial (o político/económico),
conformado, entre otros, por industriales, exportadores de ciertos rubros
agropecuarios y empresas multinacionales, los cuales gozan de derechos
plenos y de una serie de prerrogativas que van más allá de sus derechos
naturales como individuos o empresas. Y (2) el grupo de los esclavizados,
conformado por los más pobres de la población, los cuales no sólo no
gozan de esos derechos individuales básicos, sino que están obligados a
costear las prebendas del grupo empresarial. Los empresarios tienen el
derecho de producir y exportar todo lo que quieran. Además, con
frecuencia se les exime del pago de aranceles y de otros impuestos, y se
les subsidia su exportación. Este es el único grupo que se beneficiaría
de las concesiones comerciales estadounidenses. Por otra parte, los
gobernantes utilizan altísimos aranceles para negarles a los esclavizados
su derecho de importar productos baratos; además los obligan a costear
los subsidios a las exportaciones de los empresarios. Este grupo, el
mayoritario y más golpeado por Mitch, no se beneficiaría en
absoluto de las concesiones comerciales demandadas.
Mercantilismo
salvaje. Lo antes señalado no es
más que el mercantilismo salvaje que practica la clase
político/económica de Centro América. ¿Por qué salvaje? Porque los
gobernantes junto con esos malos empresarios (no son todos) utilizan la
fuerza para literalmente extraerle la sangre a la gran masa empobrecida.
El caso costarricense constituye un buen ejemplo. El 15 de enero pasado,
como parte de la ampliación del TLC con México, el gobierno de Costa
Rica logró abrir ese mercado a la leche costarricense para así favorecer
a esos empresarios. Sin embargo, 4 días después, con todo el cinismo,
firmó un acuerdo con los lecheros para que en tres años el arancel en
Costa Rica pase de 104% a 65%. Es decir, los empresarios aumentarán sus
exportaciones de leche a Centroamérica y México (tengo entendido que no
dan abasto), mientras que el pobre consumidor tendrá que pagar aún en el
2001 un 65% más por dicho alimento. ¡Un crimen! [En El Salvador la leche
paga un arancel del 20% y están por reducirlo, por exagerado. Los
consumidores salvadoreños importan leche de Costa Rica con muchas
ventajas sobre el consumidor tico.] El arancel a los muslos de pollo
bajará de 200% a 150% durante el mismo lapso. Todo mundo sabe que esos
aranceles inmorales son para transferir fortunas a personas bien
identificadas por sus nombres y apellidos. Esta política comercial
equivale a obligar a cada consumidor a entregar un cheque mensual a esos
individuos. ¿Qué calidad moral se requiere para exigir e implementar una
política de este tipo?
Un llamado a la
acción. Si queremos vivir en
una Costa Rica pacífica, debemos hacer algo antes de que sea tarde.
¿Hacer qué? Los políticos dicen que el saqueo es culpa nuestra; que
como los consumidores no nos organizamos, ellos sucumben ante las
exigencias de los gremios empresariales, de los cuales usualmente ellos
forman parte. Tienen razón. Por ello, debemos conformar, ya, una
verdadera organización de consumidores que, con claridad de criterio,
luche por nuestros derechos, pero sólo por éstos. Esta, una vez
organizada, debe marchar a Zapote y Cuesta de Moras, pacíficamente, para
exigir, con energía, la igualdad ante la ley, el respeto a nuestros
derechos como ciudadanos, como consumidores, como seres humanos. Sólo
así lograremos una Costa Rica más justa.
Rigoberto Stewart
(La Nación, C.R., 23/3/99)