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La desgravación arancelaria

La anunciada desgravación arancelaria, que debe empezar este trimestre, ha suscitado una serie de reacciones, algunas esperadas (como las de algunos industriales) y otras no esperadas. Muchas han estado envueltas de especulaciones sin fundamento, motivados por un temor secular a la competencia y un sentimiento de incapacidad ya ancestral.

El asunto es que el "modelo" actual de sustitución de importaciones, que conlleva altos niveles de protección (aranceles altos), sólo ha servido para empobrecernos. Nos ha obligado a consumir productos y servicios de mala calidad, cual si fuéramos ciudadanos de tercera clase; ha estimulado el "chorizo" (miles de costarricenses viven actualmente de traer y vender puerta a puerta artículos del exterior a veces de mala calidad pero baratos), la evasión fiscal y la corrupción de funcionarios; ha propiciado un uso pésimo de nuestros mejores recursos, y ha convertido en industriales y empresarios a algunas personas que apenas tienen lo que se requiere para ser un buen obrero. Por todo esto, la desgravación no solo es buena y necesaria, es perentoria, si pretendemos llegar siquiera a ser ciudadanos de segunda en este convulso mundo. En este sentido debemos aplaudir la iniciativa de don Miguel Angel Rodríguez de reducir el impuesto de ventas en un 1% anual, ya que además de ser regresivo (afectar más a los más pobres) estimula la evasión y la corrupción. ¡Lástima que no se contemple su reducción hasta un 4%!

Pero, al asunto de marras. Con respecto a la preocupación de muchos de que "nos vamos a llenar de productos baratos y de alta calidad del extranjero", quisiera señalar dos aspectos: Uno; que de eso se trata precisamente, de incrementar nuestra calidad de vida por medio del intercambio; si no, entonces ¿por qué hacerla?. Si el resultado deseado fuera otro, lo que se haría es aumentar los aranceles, no bajarlos. Dos; que nos llenaremos de esas cosas tan buenas y ansiadas en el tanto tengamos con que pagarlas. No nos las van a regalar; las compraremos con nuestros ingresos. Es decir, nuestras exportaciones nos servirán para adquirir esos productos, y el tipo de cambio se ajustará según la oferta y demanda de divisas. Debemos tener presente que el objetivo final de toda actividad económica es el consumo y el bienestar del consumidor. De tal manera que si nos llenamos de esos productos de mejor calidad y más baratos, estaremos alcanzando nuestro objetivo. La industria nacional existe, sólo porque existe éste objetivo, y en el tanto no lo cumple, su existencia se vuelve injustificada.

Con respecto a la preocupación de que algunas industrias y, mas que todo, algunos industriales quebrarán, quisiera señalar dos cosas. Una; que de eso se trata, de eliminar a aquellas industrias e industriales que nunca debieron existir como tales, que surgieron amparados a la protección descomunal y con base en la exacción de bienestar de nuestros ciudadanos. Dos; que aquella y aquellos que sí debieron existir competirán y tendrán éxito, y el éxito será mayor en el tanto el gobierno haga eco a sus peticiones para eliminar algunas distorsiones, como reducir el costo de la intermediación financiera, reducir el diferencial cambiario, y eliminar el monopolio estatal en varias áreas. Este éxito se deberá primordialmente a que el país cuenta con una capacidad gerencial envidiable en Latinoamérica, capacidad que ha sido subutilizada en los menesteres propios de la gestión para concentrarse en salvar las múltiples trabas y barreras que ha enfrentado todo aquel que ha querido producir en éste país. Como ejemplo de esto, puedo citar a FERTICA, que a pesar de ser una empresa estatal, por medio de la aplicación de principios elementales de administración de negocios, ha logrado no solo obtener ganancias durante la desgravación (y desprotección) de los fertilizantes, sino que ha desplazado a grandes empresas internacionales en mercados allende nuestras fronteras, concretamente en Venezuela y Chile. El veredicto es: sí podemos competir, especialmente si nos quitamos los complejos que nos ha tenido amarrados por tanto tiempo.

El cuadro tétrico presentado por don Rodrigo Madrigal M. (La Nación, 22 de enero de 1992, P.15A) de "bancarrota generalizada, desocupación masiva, miseria, hambre y prostitución" no tiene nada que ver con la realidad. Si esto fuera cierto, todos los países estarían armado hasta los dientes de protección y no habría países subdesarrollados. La realidad es otra. Además de chile, hay muchos ejemplos de países subdesarrollados donde la desgravación, como era de esperarse, ha dado como resultado todo lo contrario. Tuve la oportunidad de verlo en un país africano.

El país no puede darse el lujo de no desgravar. Los costarricenses lo merecemos, y por ello debemos dar todo el apoyo a nuestro Presidente y su equipo para que en materia tan capital no sucumba ante los temerosos de la libertad y el progreso. Si prevalece la entereza y decisión de éste gobierno, mientras don Rodrigo esté velando a aquellos pocos industriales que nunca debieron haberlo sido, los otros industriales (y el resto de los costarricenses) estarán en otra parte celebrando no solo el éxito, sino la verdadera vida, la vida empresarial en libertad y sin chantaje al pueblo.

Rigoberto Stewart
(La Nación, C.R., 25/2792)

 

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