ARANCELES: IMPUESTOS EN FAVOR DE EMPRESAS PRIVADAS ESPECIFICAS

El 15 de enero pasado, como parte de la ampliación del TLC con México, el gobierno de Costa Rica logró abrir ese mercado a la leche costarricense, favoreciendo así a los empresarios exportadores de dicho alimento. Cuatro días después, contra todos los pronósticos, firmó un acuerdo con los mismos lecheros para que en tres años el arancel en Costa Rica pase de 104% a 65%. Es decir, los empresarios aumentarán sus exportaciones de leche a Centroamérica y México (se dice que no dan abasto), mientras que el pobre consumidor tendrá que pagar aún en el 2001 un 65% más por dicho alimento. Algo similar ocurre con el pollo. El arancel que deben pagar los importadores de muslos de pollo bajará de 200% a 150% durante el mismo lapso.

Mala Justificación de los Aranceles

Para justificar los astronómicos aranceles, se argumenta, principalmente, que otros gobiernos subsidian a sus productores. Este argumento es inválido tanto en el orden económico como en el moral. Es inválido desde el punto de vista económico porque la realidad es que en el mundo existe una infinidad de intervenciones, y la suma de todas ellas hace que el precio internacional suba o baje un poco con respecto a lo que sería en libertad total. Los investigadores Fisher y Gorter, de la Universidad de Cornell, estudiaron lo efectos de los principales programas de subsidios en los Estados Unidos (Target Price with Deficiency Payments, Acreage Diversión Payments, en combinación con el Loan Rate) sobre el precio mundial del arroz, maíz, trigo y algodón, y concluyeron que esos programas de subsidio, en efecto, contribuyen a incrementar el precio internacional, no a disminuirlo, como se argumenta. Esos autores señalan que si se eliminaran todos los programas de subsidio en los países desarrollados, los precios mundiales del arroz, trigo y algodón bajarían un 6%, 12% y 19%, respectivamente; en tanto que el precio del maíz subiría un 3%. Esto implica que según el razonamiento de los defensores de aranceles, en el caso de los tres primeros cultivos, en vez de aranceles habría que abogar por subsidios a la importación; y en el caso del maíz, solicitar un arancel del 3%; pero no de 30% o 40% como a veces se pide.

Inmoralidad de los Aranceles

Los aranceles son inmorales por varias razones. Aquí señalaremos dos. Primero, son inmorales porque violan el principio de igualdad ante la ley. Al imponer aranceles, los gobernantes crean dos grupos de ciudadanos: uno, compuesto por los grandes productores y exportadores; lo llamaremos GPE; el otro, compuesto por pequeños productores (los cuales pierden con los aranceles) y la gran masa de consumidores, la mayoría de los cuales son pobres o casi pobres. A este le llamaremos PPC.

El grupo GPE tiene el derecho de producir lo que quiera y exportarlo a dónde sea; frecuentemente recibe subsidios, especialmente a sus exportaciones. El grupo PPC no tiene el derecho a consumir lo que quiera, no puede importar libremente y siempre debe pagar el subsidio a las exportaciones de GPE. Esto ocurre en un país donde el Artículo 33 de la Constitución dice: “Todo hombre es igual ante la ley y no podrá hacerse discriminación alguna contraria a la dignidad humana.”

Segundo, muchos aranceles tienen nombres y apellidos; es decir, se fijan para enriquecer a empresas o personas específicas a costa de los que conforman el PPC. En el caso de la leche, con el 65% de arancel, en esencia, lo que sucede es que cada vez que un pobre compre ?100 de leche debe, además, regalarle ?65 adicionales a las empresas de leche y ?21,45 al gobierno (el 13% del IVA). Con el arancel, el gobierno crea un impuesto en favor de una empresa privada específica. Además de inmoral, esta acción debe ser inconstitucional.

Lo Moralmente Correcto y, Además, Conveniente

Lo moralmente correcto es la igualdad ante la ley. Lo ideal sería que tanto los grandes empresarios como los consumidores queden totalmente libres para aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado internacional. Los primeros, libres para decidir qué producir y adónde vender; los segundos, libres para decidir qué consumir y de dónde obtenerlo. También sería ideal y conveniente que no existan aranceles del todo, ya que estos causan pobreza. Pero si el gobierno decide poner aranceles por razones puramente fiscales, estos han de ser iguales para todos, tanto para el grupo GPE como para el PPC, y de igual manera para los distintos componentes de cada grupo. Por ejemplo, si el gobierno decide que será de un 5%, entonces debe ser un arancel del 5% sobre todos los bienes y servicios que se importen y un impuesto del 5% sobre todos los bienes y servicios que se exporten. Esto sí sería consistente con el Artículo 33 de la Constitución, con la sensatez y la decencia.

 
 
DMS